Hace pocos días, se confirmó la noticia y corrió como eco melancólico entre arcades reales y virtuales: Yoshihisa Kishimoto falleció el 2 de abril de 2026, a los 64 años. No hubo estruendos ni grandes ceremonias públicas, solo un mensaje sobrio de su hijo en redes sociales. Pero para quienes crecieron frente a una pantalla, lanzando monedas y repartiendo golpes digitales, la pérdida fue profunda.
Kishimoto nació en Japón en 1961 y llegó a la industria a comienzos de los años ochenta, cuando los videojuegos todavía se estaban inventando a sí mismos. Sus primeros trabajos los realizó en Data East, donde participó en títulos como Cobra Command y Road Blaster, juegos de láserdisc que mezclaban cine y control interactivo. Aquella experiencia técnica le enseñó ritmo y puesta en escena, dos cualidades que más tarde marcarían su estilo como diseñador.
El punto de quiebre llegó con su ingreso a Technōs Japan. Allí, en 1986, dirigió Nekketsu Kōha Kunio-kun, conocido en Occidente como Renegade. El juego introdujo algo revolucionario para su época: combates cuerpo a cuerpo en escenarios abiertos, con libertad de movimiento y enemigos múltiples. Un año después, Kishimoto llevó esa idea al siguiente nivel con Double Dragon (1987), que añadió cooperativo, narrativa urbana y una sensación de progresión inédita en los arcades.
熱血硬派くにおくんのディレクター岸本良久の息子です。
— 一労くん (@rpl5t62) April 5, 2026
2026年4月2日に父が他界しましたため、お知らせいたします。
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La lista de juegos desarrollados o dirigidos por Kishimoto es, hoy, historia pura del medio: Double Dragon, Double Dragon II, Double Dragon III, Super Double Dragon, varios títulos de la saga Kunio-kun / River City, además de incursiones memorables como WWF Superstars y WWF WrestleFest. Incluso décadas después, siguió vinculado a sus creaciones como director de Double Dragon IV en 2017 y consultor creativo en proyectos modernos.
Yoshihisa Kishimoto aportó el lenguaje y la gramática del 'beat ’em up': desplazamiento lateral con profundidad, cooperación local, enemigos en oleadas y una violencia estilizada que bebía del cine de artes marciales, en especial de Bruce Lee. Muchos títulos posteriores como Final Fight, Streets of Rage, Teenage Mutant Ninja Turtles caminaron sobre el terreno que él había allanado.
Yoshihisa Kishimoto será recordado no solo por los juegos que firmó, sino por las tardes compartidas frente a una máquina, por las partidas cooperativas, por la sensación primitiva y perfecta de avanzar golpe a golpe. En una industria que hoy persigue fotorrealismo y mundos infinitos, su legado recuerda algo esencial: que a veces basta una calle, dos personajes y una causa justa para crear historia.
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