¿Feeling blue?

Trato de imaginarte hoy a ti, aficionado de Cruz Azul, porque al de Monterrey no hace falta, a ése le veo hinchado de alegría por todas partes.

Trato de imaginarte hoy a ti, aficionado de Cruz Azul, porque al de Monterrey no hace falta, a ése le veo hinchado de alegría por todas partes. Intento visualizarte a ti, fanático azul, para saber cómo te levantaste esta mañana tras caer en la Final, una más, en tan poco tiempo. Dicen que una derrota como ésta dura más que las 24 horas que manda la rotación de la tierra, se queda 48 ó 72, tal vez más, antes de que esa helada sensación desaparezca del cuerpo y se vaya a un lugar más profundo del espíritu. Pienso en Gerardo Torrado, ese tremendo competidor que nunca ha sido campeón de Liga; y hago lo mismo con José de Jesús Corona quien en una mañana como la de hoy debe estar recordando con impotencia los balones a los que no pudo llegar. Imagino a Enrique Meza que tenía la gran ilusión de darle a Cruz Azul esa alegría que tanto se le ha negado, ésa que se está convirtiendo en una necedad; y vuelve a mi mente la imagen en la que él y su hijo contemplaban abrazados anoche, con dignidad absoluta, el festejo del Campeón. Esa ecuanimidad sólo puede venir de un hombre sensato y sabio, alguien que ha estado en los polos del deporte, alguien que ha vivido la gloria y el fracaso, y que por ello sabe que ninguna victoria es permanente y que no hay derrota definitiva.    Por eso te invito, hincha azul, a que experimentes la paz que da reconocer la grandeza del rival. Cruz Azul cayó dejando todo en la cancha. Creo, sinceramente, que no tenía mucho más, de lo que vimos en estos dos partidos. Por eso, esta derrota no debe avergonzarte. La Máquina puso a prueba a Monterrey, pero fue superada por un contendiente más aplicado, más decidido, más inspirado. La diferencia radicó, tal vez, lejos de la estrategia y del rendimiento individual. A pesar de lo que digan los analistas, ese factor “X” se encuentra, quizás, más allá de los detalles que calculamos con la mente. Es, muy posiblemente, una cuestión de fe, esa fuerza insondable que habita en esa misteriosa dimensión que aún tiene el futbol.   Me gustaría tener la omnipotencia para verte a ti, hincha azul, donde quiera que te encuentres, para entender lo que sufres y para vivir lo sientes. Pero si te sirve de algo, te recuerdo que sólo los que no se atreven a competir no son derrotados. Perder es parte de la transacción básica que aceptamos todos cuando nos involucramos en este fabuloso juego y por ello hoy no debes escandalizarte, sino al contrario, hacerte más fuerte, pensar en que cada vez que fallas, te acercas más a la victoria y aplaudir a tu adversario, para que, en su momento, tú también seas reconocido.   Esta mañana, mientras escribo, brota de mi memoria un brillante comercial de televisión que hace algunos años hizo Michael Jordan, en el que el fenómeno decía: “He fallado más de 9 mil tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos, 26 ocasiones me han confiado el último enceste del juego y lo he errado. He fallado una y otra vez en mi vida, y es justo por eso que he triunfado.”   Enhorabuena para la afición de Monterrey, que lleva mucho tiempo esperando momentos como los que hoy está disfrutando.

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