Atención Tri: Propuesta antiaburrimiento

El gol es el gran sueño del futbol; es el hechizo que nos conecta para siempre al juego; es una ilusión irresistible y adictiva; como decía Rogan Taylor, uno de mis profesores más entrañables.

El gol es el gran sueño del futbol; es el hechizo que nos conecta para siempre al juego; es una ilusión irresistible y adictiva; como decía Rogan Taylor, uno de mis profesores más entrañables en la Universidad de Liverpool, "es el momento mágico que compensa esos 90 minutos durante los cuales nos pasamos viendo a 22 hombres fallar una y otra vez, hasta que en un instante inesperado, por fin logran acertar, y lo celebramos como locos". Tal vez por eso, nos gusta tanto el juego, porque al final, el futbol es como la vida, nos la pasamos equivocándonos y aprendiendo de nuestros errores, intentando, insistiendo, repitiendo, y sólo muy de vez en cuando, damos en el blanco, y ese maravilloso día hacemos una fiesta. Como el gol es la recompensa del aficionado, pienso en todos los paisanos que pagaron un boleto para ver el México-Islandia del miércoles pasado en Charlotte, familias enteras de trabajadores mexicanos que se quedaron sin poder celebrar una anotación, al igual que millones de televidentes quienes, tras el 0-0, se quejaron por la pobreza de emociones que ofreció el encuentro. Por ello, al salir del estadio pensé que algo habría que hacer a favor de los aficionados, quienes constituyen el corazón que le bombea sangre a esta asombrosa industria, y se me ocurrió que la noche del miércoles podría haber tenido mejor final, si tras 90 minutos sin gol, el amistoso ante Islandia se hubiese definido, de forma simbólica, con una serie de pénaltis. Imagínenselo por unos instantes: nuestros paisanos hubiesen disfrutado una exhibición de Luis Michel o Memo Ochoa en la portería; habrían aplaudido disparos desde el manchón penal del "Bofo" Bautista, Ángel Reyna, Pablo Barrera o Miguel Sabah; a la par que la audiencia televisiva hubiese crecido para ver el morbo que siempre despiertan los pénaltis. Hubiesen sido quince minutos de refrescante espectáculo tras un partido bastante espeso. Además, ensayar los pénaltis con estadio lleno y una reputación en juego, nunca sobra para nuestros futbolistas considerando la terrorífica historia de eliminaciones en penales que nos cargamos. La Selección Mexicana disputa, en promedio, una docena de partidos amistosos por año, y no veo impedimento reglamentario para establecer la definición simbólica de pénaltis en caso de empate para nuestros partidos. A los que les preocupen las implicaciones que esto pudiera tener en el ranking de FIFA, siempre es posible mantener como oficial el resultado de los 90 minutos, sea cual sea, y lanzar los penales de forma como regalo a los aficionados y, sobre todo, como entrenamiento para nuestros futbolistas. Si el espectáculo mejora, más gente asistirá al estadio y encenderá la televisión. Si hay mayor demanda, el contenido será más atractivo para los patrocinadores. Si las marcas invierten más, el partido será más rentable para los medios de comunicación que lo cubren y por lo mismo habrá mayor difusión del evento. Si hay mayor difusión, más personas estarán interesadas en consumir el producto. A mayor consumo, la Selección puede obtener más recursos y contratar mejores rivales, preparase mejor, tener entrenadores de élite, y los futbolistas pueden ganar más. Al final, se trata de una cadena de valor, que a todos nos conviene que se mantenga sana y en crecimiento, pero sobre todo, esto funcionaría como alternativa para evitar que, como ocurrió el miércoles en Charlotte, nos vayamos del estadio refunfuñando porque nos falto gritar un gol. También puedes seguirme en Twitter.

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