Adiós al 'Chuck Norris' del Real Madrid

Hay futbolistas que marcan una etapa muy especial de nuestra vida; jugadores que, más allá de los títulos que conquisten, se nos meten en el corazón por su manera de luchar o de vivir.

Hay futbolistas que marcan una etapa muy especial de nuestra vida; jugadores que, más allá de los títulos que conquisten, se nos meten en el corazón por su manera de luchar o de vivir, por su forma de disfrutar o de sentir; tipos a los que acompañaremos siempre y que con su ejemplo nos enseñaron que para crecer, primero hay que creer. Raúl, el “Angel de Madrid”, como genialmente lo llamara mi amigo Luis Omar Tapia, fue en mi caso el relevo generacional perfecto a la gran época goleadora que estableció Hugo Sánchez. Después de seguir a Hugo cada semana, chicos como yo, con 16 o 17 años de edad, necesitábamos otro competidor descomunal, un personaje en el que pudiéramos depositar nuestra fe madridista para el futuro. Y hoy puedo decirte que Raúl nunca me falló. 16 temporadas después, 324 goles más tarde, y tras celebrar tres títulos de Champions League, seis ligas de España, dos Intercontinentales, entre muchos otro trofeos, hoy hubiese querido estar en las gradas del Santiago Bernabéu para ovacionar de pie a este futbolista de época, un jugador al que siempre le rendí un respeto reverencial por su titánica entrega en la cancha y por su inigualable vocación para defender los valores del Real Madrid. Estoy seguro que, de haber estado ahí, me hubiese emocionado hasta lo más hondo, igual que como le ocurrió a él, mientras escuchaba el canto de su nombre al dar su última caminata como futbolista merengue por el césped de la Casa Blanca .    Raúl ha sido un futbolista irreductible, un atleta que nunca claudicó, y hoy ha dejado notar en su discurso de despedida ese glorioso concepto que le define y que lo convertirá en leyenda: “Hoy más que nunca quiero que todos sepan que en cada jugada, regate, tiro o gesto en el terreno de juego intenté entregar lo mejor de mí, en mi cabeza nunca ha existido palabra rendición porque para mí eso es el Real Madrid". Cierto, el Madrid nunca se rinde, y Raúl tenía que despedirse dejando como un legado los valores del club que defendió, para que aquellos que se quedan estén a la altura de la historia. Cuando le preguntaron por su memoria más querida, el “siete” contestó: “lo mejor fue cuando fui a mi casa un viernes 28 de octubre y le dije a mi madre que viajaba con el primer equipo a Zaragoza. Mi padre no pudo comer, esa felicidad de ver a tus padres, a la familia y amigos es un recuerdo muy bonito y como es el primero me quedaría con ese.” Durante todos estos años Raúl supo ser competidor, campeón, y también palabra.   Porque las palabras tienen una fuerza de la que, muchas veces, somos inconscientes. Raúl se va, pero su voz, los gritos del capitán, se quedarán para siempre resonando en el vestidor del Real Madrid, para que las generaciones futuras sepan que una cultura del triunfo y una gloria inconmensurable les respalda. “Hoy empieza el primer día de un nuevo tiempo donde intentaré algo tan complejo y difícil como ser tan inmensamente feliz como lo he sido en el Real Madrid.” Este pensamiento creador es el que ha detonado, en mi caso, este texto de homenaje. Hoy, 16 años después, entiendo -por primera vez- que Raúl luchó todo este tiempo por algo tan simple y tan profundo, tan natural y poderoso, como ser inmensamente feliz. ¿Hasta donde lo estás haciendo también tú?   Frases Imposibles: Del Diario de Chuck Norris: “Lo confieso… Raúl me hizo un túnel cuando jugábamos futbol en la primaria. Quise perseguirlo para darle una lección, pero jamás pude alcanzarlo”.    Te invito a seguirme en www.twitter.com

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