América, 10 minutos de rabia y el nuevo Cosmos

Un equipo grande debe tener –ante todo- rabia por defender su historia. Puede jugar bien o mal; puede vivir un gran momento o una crisis; puede empatar de milagro o ser goleado.

Un equipo grande debe tener –ante todo- rabia por defender su historia. Puede jugar bien o mal; puede vivir un gran momento o una crisis; puede empatar de milagro o ser goleado; puede fichar futbolistas con precisión o con torpeza; pero jamás puede perder esa sangre caliente que le llevó a la cima. Así son los grandes campeones, jóvenes o veteranos, enteros o maltrechos, siempre compiten con la raza de los toros bravos quienes, aun mal heridos, tratan de atestar una cornada mortal a su enemigo. Así es Cuauhtémoc Blanco, por ejemplo, en cualquier día, en cualquier momento. Se llama mística. Y la tienen jugadores y equipos que, antes de perder, arrebatan; marcan su territorio a patadas si es necesario, con tal de dejarle bien claro al rival contra quién jugaron, a quién le ganaron. Están dispuestos a desangrarse antes de entregar la victoria. El sábado en Chiapas, América deambuló –extraviado- durante 80 minutos en la cancha de Jaguares, hasta que la insulsa expulsión de Jackson Martínez, despertó al Ave. Fue como si el Águila recibiera un aguijonazo, un piquete de abeja mientras dormía en su nido. Ese guiño de la fortuna, le despertó -de súbito- con ardor, mal humor, y ganas de cobrarse la agresión con el primero que se encontrara. El América – no el brillante, pero sí el agresivo- despertó así para reclamar, con agallas y orgullo, un poco de su historia. Sacó un empate que oxigena el ambiente y evita –por ahora- una crisis mayor. Hace tiempo que el América no me inquietaba, el sábado (esos últimos diez minutos) volví a sentir que a las Águilas aun les quedaba un poco de sangre. Me queda claro, que antes que otra cosa, este América tiene recuperar la memoria de su estirpe. Sin eso, no hay pizarrón, ni entrenador, ni jugadores, que resuelvan esta mala época. Ojalá que este plantel recuerde la historia que defiende, porque en estos días, el Ave atemoriza a muy pocos. REGRESA UN CLÁSICO, COSMOS DE NUEVA YORK Nos han dicho siempre que hay eventos que nos ocurren sólo “una vez en la vida”. Sin embargo, por fortuna existen quienes siempre van en contra de estas reglas que alguien se inventó, y que los demás –simplemente- repitieron hasta forjarse una frontera mental. Hace 40 años nació en Estados Unidos, un equipo que enamoró al mundo: el Cosmos de Nueva York. Pelé, Johan Neeskens, Franz Beckenbauer, Carlos Alberto, Giorgio Chinaglia, entre otras super-figuras aceptaron el reto de una liga nueva y se enfundaron en esa camiseta que pasaría a la historia. El sueño duró 14 años, hasta que en 1984, la NASL (North America Soccer League) exhaló por última vez, tras su incapacidad por convencer a los estadounidenses de sumarse a esa nueva pasión. Muchos de los clubes desaparecieron, sin embargo, la marca: “New York Cosmos” se quedó en la mente de aficionados de todo el mundo. Peppe Pinton, que fuera gerente general del equipo, tuvo la visión de quedarse con los derechos de la marca e hizo algunos esfuerzos por mantener viva la leyenda; hasta que hace un par de años, el inglés Paul Kelmsey (porque si un código comprenden los ingleses es el de tradición y la gloria) compró el nombre y lanzó el gran proyecto para revivir al equipo. Hoy el Cosmos de Nueva York respira con salud y trabaja con el firme objetivo de convertirse en el equipo 20 de la MLS cuando se apruebe una nueva expansión en la liga. Por lo pronto, el Cosmos ya funciona como una empresa. Tiene academias de futbol y organiza torneos en los suburbios neoyorquinos. Pelé es Presidente Honorario del club. El italiano Giorgio Chinaglia es el embajador Internacional. Cobi Jones es uno de los directores y la cara visible de la franquicia en Estados Unidos. La marca Umbro se ha unido a los patrocinadores y vende -de nuevo- la camiseta del Cosmos en todo el mundo, con los nombres de sus viejas figuras impresos en el dorsal. El Cosmos anhela ser, muy pronto, el gran rival del New York Red Bulls, donde hoy juega Rafael Márquez. Don Garber, alto Comisionado de la MLS, ve el proyecto con buenos ojos: “Estamos muy concentrados en que ése equipo 20 de la MLS tenga como casa Nueva York y sea rival directo de los Red Bulls. Tenemos muchísimo trabajo por delante. Podemos lograrlo o no, pero ese es nuestro objetivo”. Sin tener un lugar en la MLS, ni jugadores profesionales, ni disputar partidos, el Cosmos ya cautiva la imaginación de sus viejos aficionados y ha comenzado a capitalizar sus esfuerzos. Como te dije al inicio, depende de cada uno de nosotros que las cosas nos ocurran “sólo una vez en la vida”, o como reza el slogan del nuevo NY Cosmos: si creémos mucho, si tenemos fe, puede que sucedan “Twice in a lifetime”. Si quieres revivir o conocer la mística que alcanzó el Cosmos de Nueva York, las lágrimas de Pelé, y aquella pasión, visita: www.antoniorosique.blogspot.com *Sígueme en Twitter: @Antonio_Rosique

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