¡Ánimo Memo! ¡Aguas Chícharo!

La película se repite una y otra vez: “Del amor al odio, sólo hay un paso…o un error”. La historia del ídolo que se convierte en villano es muy vieja.

La película se repite una y otra vez: “Del amor al odio, sólo hay un paso…o un error”. La historia del ídolo que se convierte en villano es muy vieja pero, al parecer, nos encanta. Los personajes son los únicos que cambian: Hugo Sánchez, Javier Aguirre, Rafa Márquez, Ana Guevara, tantos y tantos. Ahora es Guillermo Ochoa. ¿Se trata acaso del costo que se paga por la popularidad? ¿Son las desventajas de ser un ídolo? Sí…Es posible.   Guillermo Ochoa es –antes que nada- un gran atleta; un joven que –aun teniendo otras opciones en la vida- porfió para alcanzar sus sueños como futbolista profesional. Su debut en Primera División fue circunstancial, pero Ochoa aprovechó aquel guiño del destino para demostrar su ambición y -al final- orilló el retiro de otro arquero excepcional como Adolfo Ríos. Memo ha disfrutado los privilegios de ser un tipo carismático, y hoy padece el lado oscuro de la popularidad. Es injusto, sí; incluso cruel, pero es real. En México somos aficionados a crear ídolos y cuando –después un tiempo- esos personajes no son exactamente como nos gustaría que fueran, los atacamos, los derribamos del pedestal, como para sacar nuestro coraje, nuestra frustración. Lamentablemente, así ha ocurrido siempre en el deporte y también en la política. Recuerden a Hugo Sánchez y a Javier Aguirre, hace unos años los presumíamos, ahora se les vitupera. Los triunfos de Hugo, los rescates de Aguirre –al parecer- importan ya muy poco, porque sus errores a muchos les parecen insoportables. Con Rafa Márquez sucedió algo similar el año pasado. A muchos no les gusto que Rafa opinara diferente y se lanzaron contra él. Se burlaron –incluso- de aquella carta que firmó. En fin, les digo que esto no es nuevo. Perdemos la memoria con gran facilidad y eso nos hace daño. Porque el que tiene mala memoria, sufre. Sufre porque repite sus errores, sufre porque se genera falsas expectativas, sufre porque lee equivocadamente la realidad y a sus actores. Perder, equivocarse es parte de este juego. El que no lo entienda así, es porque nunca ha comprendido la naturaleza del deporte. Sólo aquellos que han competido, que han luchado, saben que la posibilidad de equivocarse, la opción de la derrota siempre está latente, pero no por ello, dejas de ser quien verdaderamente eres. Nadie es infalible. Por eso, les tengo una mala noticia: un día -esperemos muy lejano- el Chicharito se equivocará, fallará un penal, errará una jugada clara de gol. Es inevitable, sucederá. Es parte de la naturaleza de este juego. Le ocurrió a Hugo Sánchez en el Mundial de México 86; le sucedió a Alberto García Aspe en el 94, a Luis Hernández en el 98… Espero que ese día, tengamos la suficiente madurez para aceptar el hecho y no descarguemos nuestra frustración en el personaje al que hoy adoramos. De lo contrario, sufriremos.     Ojalá desarrollemos una mayor capacidad de reflexión y –sobre todo- aprendamos a darle la dimensión adecuada a cada evento. ¡Un error ante Venezuela en un amistoso!…¡Vaya lío! “Es que lleva varios”, dicen. ¿Y qué? También le recuerdo a Memo una colección de salvadas monumentales, atajadas memorables en clásicos ante Chivas, en aquella Copa América del 2007, y en partidos de selección. ¿Es el mejor portero de México? No lo sé, hay otros muy buenos por igual. Pero Ochoa tiene 26 años y una gran carrera por delante. Memo ha demostrado ser un deportista responsable y consciente de su posición en la sociedad. Ha sabido aceptar con entereza la suplencia en dos Copas del Mundo. Aplaudamos también esas virtudes, las cuales son poco comunes en el futbol mexicano. No me cabe duda de que él es el más ocupado en mejorar como profesional, y estoy seguro que –como el inconformista que es- ya trabaja muy duro para que esto no le vuelva a suceder. Aun así les tengo otra mala noticia: como humano que es, Memo –algún día- volverá a equivocarse, porque sólo el que no compite no se expone a perder.   Por eso, le doy a Guillermo Ochoa mi voto de confianza en estos momentos turbulentos y deseo que siga cumpliendo sus sueños. Jóvenes mexicanos como él necesitamos muchos; tipos positivos, disciplinados, valientes, dispuestos a intentarlo una y otra vez. Emigrar a Europa (si le es posible, claro), dejar este entorno, conocer otra vida, desintoxicarse de esta realidad, escuchar otras opiniones, tener otros compañeros, otros entrenadores, recibir otras críticas (buenas y malas, razonadas o viscerales), es –muy probablemente- lo mejor que podría pasarle. Ojalá el América deje de ver sólo el aspecto económico y le permita salir este verano. De ocurrir así, estoy seguro que Memo sabrá reconocerlo y regresará al equipo en un futuro.

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