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47 años del Estadio Azteca

Sábado 1 de Junio del 2013

  • El Azteca fue un proyecto ambicioso en México. (Foto: Carlos Calderón)
  • Torino fue el primer rival de América en el Coloso. (Foto: Carlos Calderón)
  • El Presidente de México estuvo presente en la inauguración. (Foto: Carlos Calderón)
  • El Azteca es un estadio que sorprende a propios y extraños. (Foto: Carlos Calderón)
  • El Azteca se construyó en unos terrenos de Santa Úrsula. (Foto: Carlos Calderón)
 

México ha sido sede de grandes estadios. El del España, en Calzada de la Verónica, el del Necaxa en el Pueblo de la Piedad y el del Asturias, en Chabacano, muy cerca de Tlalpan, todos ellos, de madera y que vieron pasar sus mejores años en la época romántica del futbol, en los años veinte y treinta

Cuando el país entraba en la modernidad y la ciudad de los Palacios se transformaba con la nueva arquitectura, con referentes como el de la Lotería Nacional y la Torre Latinoamericana, y los militares dejaban el gobierno para que los profesionistas asumieran el poder, de igual forma los estadios tenían que asumir que el paso del tiempo hacía vetustos los inmuebles de madera y la creciente afición demandaba estadios de concreto. Los primeros fueron el pequeño Estadio Revolución de Irapuato (1942), el de Ciudad de los Deportes (1946) y el de Ciudad Universitaria (1952) en la ciudad de México, mientras que en Guadalajara (1960) se levantaba el Estadio Jalisco, pero aún hacía falta un estadio que fuera fiel representante del México moderno.

LOS ANTECEDENTES

En México, la afición por el futbol se acrecentaba día a día. En 1956 ocurrió un evento que marcaría un parteaguas en el balompié nacional. Aquel año se llevó a cabo el II Torneo Panamericano de Futbol en nuestro país, era el primer torneo internacional oficial de magnitud que se organizaba en México. Escuadras como la de Brasil, Argentina, Chile y Perú llegaban con lo mejor de su futbol sudamericano, Costa Rica, como representante de Centroamérica y el tricolor los recibía con la ilusión de hacer un buen papel en casa.

El primer partido en disputa fue un México-Costa Rica y aquí se dio un hecho sin precedentes. El Estadio de CU -entonces el máximo escenario- se abarrotó al máximo. A las afueras del inmueble más de ¡40,000 personas sin boleto! pretendían entrar y presenciar el partido y las autoridades fueron insuficientes para contener los ríos de gente que empujaban y se colgaban de las bardas causando un sinnúmero de lesionados. Los siguientes partidos no difirieron de este, miles de espectadores clamaban por un boleto, pero todos los de la serie estaban agotados.

Era tal el furor causado que el entonces Departamento del Distrito Federal, a través de la Oficina de Espectáculos Públicos pidió a telesistemas de México que transmitiera los encuentros. Los directivos se encontraban renuentes pero aceptaron al ver que era incontrolable el número de aficionados.

Por primera vez en México el futbol se vería y escucharía a través de un aparato de televisión. El éxito fue inmediato. Se alcanzaron los raitings más altos hasta entonces y en cada encuentro los mismos aumentaban. Emilio Azcárraga Milmo, el magnate televisivo, sin salir de su sorpresa y dilucidando el potencial que tenía en sus manos, comenzó a planear una estrategia para aglutinar a esa masa creciente de  adictos al futbol.

El primer paso fue adquirir en 1959 al equipo con mayor presencia en la ciudad de México y uno de los máximos exponentes con miles de seguidores en el país: El América. El segundo, era el de sacar al América de CU, en donde jugaba, para darle casa propia, en un inmueble con capacidad superior.

Junto a Azcárraga, un hombre visionario, a quien se había nombrado presidente del América, Guillermo Cañedo de la Bárcena, planearon con seriedad la construcción del nuevo inmueble.  Azcárraga tenía la visión de crear un estadio fabuloso, el mejor de México, pero el sueño no pasaba de ser eso, ya que la empresa se tornaba gigantesca y no se percibía a simple vista como podía llevarse a cabo.

Cañedo, con su poder de convencimiento, aterrizó esa fantasía y logró lo que pocos: convencer al magnate televisivo de hacerla realidad. Propuso además, no solamente considerar la construcción de una casa para el América, sino la creación de una meca del futbol que bien podría albergar una Copa del Mundo. Lo que parecía quimérico, fabuloso,  fue posible gracias al talento de dos hombres que lograron que lo inverosímil fuera realidad.

Con la aprobación del gobierno, México se propuso como sede del Mundial de 1970, en donde la carta fuerte, era la creación de un estadio que albergaría 100,000 aficionados. Argentina y México se peleaban la sede, pero el punto culminante para que la FIFA se decidiera por nuestro país,  fue la presentación de la maqueta de lo que sería el Estadio Azteca ante los representantes de las diversas delegaciones que visitaron México. Algunos consideraron fantasioso que un estadio así pudiera ser construido en latinoamérica, pero Azcárraga y Cañedo se encargaron de convencer a los más incrédulos.

LA CONSTRUCCIÓN

Una vez aceptado el planteamiento de la construcción de un nuevo estadio en el Distrito Federal, se tenía que dar el siguiente paso: la búsqueda de los terrenos ideales para su construcción. La decisión no fue fácil. Se buscaba ante todo una buena ubicación que permitiera en corto plazo un desplazamiento idóneo para los aficionados ya sea en transportes públicos como en automóvil propio. El terreno debía de ser sólido y de gran magnitud pensando en el desarrollo aledaño al mismo estadio como era zona de estacionamiento y comercios alternos. Se buscaron una serie de alternativas y por fin, se decidieron por los terrenos  ubicados en la zona de Santa Úrsula, justo al sur del pueblo del mismo nombre.

Rodeado por dos vías muy importantes como son Tlalpan y Periférico, el cual se tendría que ampliar en cerca de 10 kilómetros no solo para favorecer la viabilidad al Azteca, sino para apoyar a las zonas urbanas vecinas de lo que sería el nuevo coloso del futbol nacional, también se contaba con la cercanía de Acoxpa, Canal de Miramontes (que comenzaba a ser entubado) e Insurgentes.

EL CONCURSO

Una vez realizada la compra de los terrenos, se lanzó un concurso por el creado Futbol del Distrito Federal, que aglutinaba al América, Necaxa y Atlante para determinar quién sería el arquitecto idóneo de concretar la magna obra.

Tomaron parte tres eminentes arquitectos cada uno con sendos proyectos de gran magnitud y enorme significancia: Félix Candela, Enrique de la Mora y Pedro Ramírez Vázquez.

Todo indicaba que Candela ganaría, su proyecto resultaba sublime, pero no contaron con el “As” bajo la manga de Pedro Ramírez Vázquez quien presentó un proyecto conjunto con su amigo y colaborador el arquitecto Rafael Mijares. La maqueta, impactó de sobremanera a los presidentes de los equipos  interesados: Guillermo Cañedo (América), José Manuel Núñez (Atlante) y julio Orvañanos (Necaxa) y al Presidente del Futbol del Distrito Federal, el Sr. Emilio Azcárraga Milmo por un motivo que no tenían las otras maquetas: un techo volado, sin pilares o cualquier otro elemento que estorbara la visibilidad de los espectadores y que sí garantizaba que gran parte del público disfrutaría de los partidos sin mella de las inclemencias del tiempo y la garantía de máxima visibilidad a la cancha desde cualquier punto de palcos, plateas o gradas. A finales del año 1962 se colocó la primera piedra. Se dio como plazo cuatro años para que el proyecto, tan altamente codiciado, concluyera en feliz término.

MANOS A LA OBRA

La tarea era en verdad magna y nada sencilla. El terreno estaba constituido por piedra volcánica que dejó miles de años atrás el Xitle cuando hizo erupción en la zona. Se estimó que los centenares de cavernas internas impedirían trabajar la cimentación directamente rellenando las mismas, ya que el costo sería muy alto, por lo que se procedió a dinamitar la roca para acceder a un área firme que permitiera la construcción plena de la obra. Logrado esto, se tuvieron que desalojar 100,000 metros cúbicos de cascajo.

Para la cimentación se trajo al maestro en mecánica del suelo el sueco Per Anders Hedar. Se utilizaron más de ocho mil toneladas de varillas de alta resistencia en la estructura y 1,200 toneladas de acero laminado para la cubierta.

La posición de la cancha se determinó con una orientación de oriente a poniente para evitar que en los partidos diurnos el sol cayera sobre los jugadores de frente y así poder apreciar un mejor encuentro. La técnica de desagüe es inmejorable para la época. Se dispuso de una franja de tierra negra de varios centímetros con un filtro de arenas y grava volcánica graduada de 75 cm. El pasto a utilizarse fue traído directamente de Inglaterra y se emplearon cinco diferentes tipos del mismo, técnicos ingleses y mexicanos diseñaron la cancha con medidas exactas para partidos internacionales, y avalada plenamente por la FIFA con 68 metros de ancho por 105 de largo. El techo volado, era único en su tipo. En los laterales sobresale 50 metros  y en las cabeceras 20 metros, lo cual permite que gran parte de los aficionados contemplen los encuentros sin la molesta lluvia o el fuerte sol cayendo a plomo sobre ellos.

En la construcción, participaron diez arquitectos, treinta y cuatro ingenieros, quince técnicos y ochocientos obreros que, lograron culminar una de las mayores obras arquitectónica de México: el Monumental Estadio Azteca.

Su inauguración fue programada para el 29 de mayo de 1966, aquella tarde, 110,000 personas tendrían la gloria de acceder al máximo recinto del futbol en nuestro país y uno  de los mejores del mundo.

LA INAUGURACIÓN

El 29 de mayo de 1966 comenzaría una nueva historia para nuestro balompié. Los aficionados comenzaron a llegar desde temprana hora. Las avenidas inundadas por una euforia desbordante colmaban los corazones de los que asistirían al Azteca. Los estacionamientos comenzaron a llenarse poco a poco y las largas filas en las entradas de Tlalpan e Insurgentes daban un espectáculo nunca visto por su magnitud.

Ciento diez mil  personas cómodamente sentadas esperaban con ansias que dieran las doce del día. Se izó la bandera y el himno nacional inundó el ambiente. Todos en el estadio cantaron, convirtiéndose en un momento inolvidable. Después de unas palabras, el Presidente de México dio la patada inicial ante el silbatazo del árbitro Fernando Buergo. El Estadio Azteca se declaraba inaugurado...

Con su clásica playera crema y su pantaloncillo azul marino el América hizo su aparición en la cancha del Azteca. El Torino, vistiendo de vino y short blanco pisó también la grama. El balón naranja -idéntico al oficial de la Copa del Mundo de Inglaterra- fue colocado en posición y el árbitro dio el silbatazo inicial para que las acciones comenzaran.

Fue apenas al minuto 10 cuando en una descolgada Alfredo Del Águila mandó el esférico al  “Bebé” Arlindo Dos Santos quien burló a la defensa con un movimiento de piernas. La sólida defensiva italiana, se vio superada por el habilidoso brasileño que con tiro de derecha venció a Vieri. Se había consumado el primer gol oficial en el Azteca –días antes, en un entrenamiento, Zague había concretado el primer gol en la grama de Santa Úrsula, pero ese no pasaría a la historia.

El segundo gol llegó al minuto 7 del segundo tiempo, Víctor Mendoza desbordó por la izquierda y ante una débil marca se internó para mandar un fogonazo que se estrelló en el poste derecho. El esférico regresó al área en donde el siempre oportuno Zague sólo tuvo que empujarlo. Por los italianos, Gualtieri en dos ocasiones, contribuiría para que el encuentro terminara empatado 2-2.  Las alineaciones de aquella tarde histórica, fueron:

AMERICA: Ataulfo Sánchez; Javier Martínez, Gilberto Vega (Juan Bosco), Alfonso Portugal, Martín Ibarreche; Víctor Mendoza, Arlindo Dos Santos, Alfredo del Aguila; Izidio Neto "Vavá", José Alves "Zague", Moacyr Santos y Jorge Gómez.  

TORINO: Lido Vieri; Natalino Fossati, Angelo Cereser, Giorgio Puia, Giancarlo Cella, Tennegi; Pestrin (Albrit), Gualtieri, Giorgio Ferrini; Schutz, Gianbattista Moschino y Luigi Simoni.  

Son 47 años en los que se han jugado múltiples Finales, dos Copas del Mundo, un Mundial Juvenil, un Mundial femenil en 1971, Boxeo, conciertos, Copa Confederaciones y hasta una visita papal y el Estadio Azteca sigue cautivando a propios y extraños ¡Felicidades!.

Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.

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