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Jorge Witker.

En Chivas, todos pierden

Martes 4 de Diciembre del 2012



Tal como podía esperarse, el matrimonio Cruyff-Vergara duró muy poco. En plena Final del Apertura 2012, se anunció la culminación  de un acuerdo que en el papel tenía contemplado una duración mínima de dos años con un proceso ordenado y continuo.

Las cuentas entregadas a la fecha eran discretas pero el simple hecho de que el Guadalajara hubiera clasificado a la Liguilla entregaba un poco de tranquilidad para darle el beneficio de la duda a un proyecto que en las formas seguía sin entregar novedades. De febrero a noviembre de 2012, en Chivas se habló mucho de la figura del técnico holandés, de su filosofía, y la implantación de un estilo de juego,  pero poco, muy poco de haber generado en el primer equipo una auténtica revolución ideológica y futbolística.

Lo curioso es que ese proceso a mediano y largo plazo no parecía estar pensado para el aprovechamiento y la maduración de los jóvenes canteranos del Guadalajara, como uno podría haber previsto en un comienzo. En teoría la cantera es una de las principales virtudes de la Era Vergara, pero a los holandeses ésta al parecer no les ofrecía lo que necesitaban.

Por eso plantearon a su llegada renovar el plantel y contratar refuerzos. En ese tenor se fue Jonny Magallón y ahora Omar Arellano. Hace seis meses llegaron Rafael Márquez Lugo y Luis Ernesto Pérez; ahora se habla de la salida de Marco Fabián, de Jorge Enríquez y de Héctor Reynoso, y obviamente se buscaban refuerzos de experiencia y calidad, lo cual implicaba un gasto mayor al que Vergara Madrigal estaba dispuesto a hacer y de alguna manera cierta contradicción, pues realizar tantos “retoques” antes de cada torneo era entrar en una dinámica muy parecida al resto de los equipos pero sin tener ninguna exigencia hasta dentro de año y medio.

De poco sirve darle “continuidad” a un entrenador si se va a cambiar constantemente de futbolistas.

Por todo ello, la decisión de Vergara Madrigal no debe sorprender absolutamente a nadie. Pese al paso de los años como dueño de las Chivas parece ser el mismo empresario que sabe o entiende poco de futbol y que toma decisiones viscerales y caprichosas con lujo de prepotencia.

Se ha hecho costumbre que sus actos y sus palabras caminen por distintas veredas,  que un día declare una cosa y al siguiente haga todo lo contrario. Que en el afán de defenderse de las críticas un día declare en un sentido y al poco tiempo lo haga en el rumbo contrario. Esa inestabilidad emocional se la ha contaminado a su equipo, que hoy no tiene rumbo claro y tiene en sus filas varios futbolistas que se han cansado de tanto mangoneo interno.

Justo por eso, porque este tipo de comportamientos en el dueño del Guadalajara son habituales, me costó entender en su momento que Johan Cruyff hubiera creído enserio que su proyecto tenía cabida en Chivas. O fue mal informado o simplemente aceptó el trabajo por resultarle muy lucrativo.  Uno pensaría que alguien con el buen ganado prestigio de Johan Cruyff sería más cuidadoso de donde lo pone en juego.

Lo cierto es que el apellido Cruyff se devaluó en su breve participación en el Guadalajara. Las Chivas se llenaron de holandeses y excusas. Se quiso hacer menos la historia del equipo y se habló de entregar cuentas sólo tras dos años de trabajo.  Cierto que la interrupción prematura de su contrato le dará armas para “protegerse” de las críticas, pero no las suficientes para que haya quedado la impresión de que estaban realizando un buen trabajo en México.

Seguramente Vergara lamentará haber gastado tanto dinero para que le vinieran a decir lo que muchos le habían advertido, que su bonito estadio necesitaba un campo de césped natural,  que su equipo no era un “Bocho” pero tampoco un “Ferrari” y que Roma no se hizo en un día.

Tal vez lo que más le haya calado al empresario es que lo invitaran a “usar la cabeza” y no dar la imagen que ofreció en la Liguilla cuando encaró a un aficionado que lo insultaba. Lo cierto es que Vergara debería pensar más las cosas y darse cuenta que su nombre le genera a la mayoría de los millones de seguidores chivas una mueca de desagrado. Quien se pelea con “la clientela” tarde o temprano lo sufrirá en su bolsillo,  pues atenta contra sus propios intereses. 

Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.

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