Cruz Azul y su 'fría' realidad

La afición cementera tristemente se ha habituado a sufrir decepciones con gran reincidencia...

Cinco fechas sin ganar, tres derrotas seguidas, un funcionamiento cada vez más defectuoso y una actitud un tanto despreocupada de la mayoría de sus futbolistas, no son poca cosa ni siquiera en un equipo como Cruz Azul, cuya afición  tristemente se ha habituado a sufrir decepciones con gran reincidencia. Después de un primer semestre en el que Guillermo Vázquez parecía haber sentado las bases de un buen trabajo, tras un arranque positivo en sus primeros cuatro partidos del Clausura 2103 y una exhibición redonda ante el Puebla, el equipo cementero parecía enfilado a tener un buen torneo y volver a ser contendiente al campeonato, esa obsesión que le carcome la existencia. La abrupta salida de Javier Aquino al futbol europeo –error evidente de la directiva- coincide con el bajón anímico y futbolístico del equipo cementero, aunque cuesta responsabilizar a esa ausencia de todos los males de La Máquina. Es evidente que Cruz Azul vive un mal momento y que algo no está funcionando correctamente en el interior del plantel. Es fácil pensar –aún sin pruebas de ello- que en el vestidor celeste las cosas no están bien, aunque muchas veces los males en ese rubro son consecuencia y no causa de los malos resultados. También es un hecho que individualmente el equipo parece tener, aún sin Aquino, un elenco estelar para al menos situarse en la zona alta de la tabla. Por todo ello es fácil juzgar con severidad a Guillermo Vázquez, entrenador al que se le acusa de ser tibio e inexpresivo, pero con ese mismo estilo muy poco extrovertido logró que Pumas fuera un equipo con personalidad y ganara un campeonato. Curiosamente lo mismo se decía de Enrique Meza, que pese a ser un entrenador de comprobada calidad también se fue de Cruz Azul por la puerta de atrás, responsabilizado por muchos de la frialdad de un equipo que transmite poco a la tribuna y suele fallar en momentos decisivos. Entre los seguidores cementeros siempre ha habido una propensión a encontrar entre jugadores y entrenadores a los “culpables” de todos los males del equipo. Recuerdo que a Julio Zamora lo liquidaron por su floja actuación en una final ante Necaxa –en la que fue congelado por Efraín “Cuchillo” Herrera. A César Delgado lo acusaron de “pecho frío”; ahora hay quien la toma contra Castro, Torrado o “Chaco” Giménez y por supuesto la agarra contra Vázquez, como antes pidieron la salida de Luis Fernando Tena, Enrique Meza o Benjamín Galindo, que  También se habla de Alberto Quintano, que en realidad como otros directores deportivos acaban siendo sólo voceros del club más que tomar las decisiones importantes. Muchos de esos personajes se fueron y los problemas en la institución cementera siguieron presentándose. Para prueba es que los problemas no son hoy cosa de unos cuantos, habrá que decir que Cruz Azul en la Primera se sitúa en el lugar 13, en el ascenso la filial cementera es última en la tabla general y en la porcentual; en el sub-20 es 15º de 18 lo mismo que en el Sub-17. Queda claro que a todos los niveles, los resultados están lejos de ser los óptimos, como para entender que en la estructura del club y en la cúpula del mismo, hay buena parte de las explicaciones que los aficionados cementeros exigen. Con una productividad de apenas el 37 % (10 puntos de 27), lo único que parece mejorar el panorama del primer equipo es que en sus siguientes dos partidos enfrenta a dos de los peores equipos de la Primera División, Jaguares y Atlante. Tal vez eso aminore la presión y permita salir de la “crisis” una vez más, pero sin cambios de fondo, en Cruz Azul será difícil que modifiquen ese ruinoso modelo que ha servido para ganar apenas un campeonato de Liga en los últimos 30 años, y el cual sigue siendo comandado por Guillermo Álvarez, un hombre que es venerado por unos, señalado por otros, pero cuya gestión ha sido, con total frialdad, una de las más ineficientes de la historia del futbol mexicano.

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