Mancilla, rating y arbitraje

En estos últimos días el personaje non grato número uno del futbol mexicano se llama Rafael Mancilla.

Los vientos dominantes corren en la misma dirección. En estos últimos días el personaje non grato número uno del futbol mexicano se llama Rafael Mancilla, a quien tras un fin de semana arbitral desastroso se le ocurrió dar la cara -justo lo que muchos opinadores le exigían- y declarar algo considerado “políticamente incorrecto”. Lo más fácil y burdo hoy es creer que Rafael Mancilla es el culpable de todos los males del arbitraje y que removiéndolo de su puesto la denominada “crisis arbitral” se superará de golpe.

Muchos de los que piden su cabeza fueron los mismos que se la pidieron a Codesal hace años y a Aarón Padilla hace meses, y que decían que las cosas mejorarían sin ellos. Pero la estructura sigue siendo la misma y las carencias también, aunque cada vez se exhiben más en TV abierta, con la complicidad de algunos ex árbitros –no todos, aclaro- que se dedican sistemáticamente a señalar las fallas y mostrar lo incapaces que son todos sus ex colegas. Lo que dijo, tal vez de manera torpe, Rafael Mancilla en realidad no me parece tan grave. El Presidente de la Comisión de Arbitraje nunca aseveró, como algunos han dado a entender, que las televisoras le pidieran malos arbitrajes para generar rating; sino que en alguna charla informal, algunos dirigentes de alguna televisora le habrían reconocido –ni exigido ni ordenado- que un arbitraje “perfecto” le arrebataría al futbol buena parte de la polémica que genera y que les resultaba muy rentable. Un abuso a la ingenuidad –que algunos colegas se atrevieron a cometer- es querer esconder que la polémica “vende” y que la arbitral resulta muy “lucrativa” semana a semana, tengan en sus pantallas o espacios a un ex árbitro o no. Esos mismos medios que se dieron por aludidos –y ofendidos- por la declaración de Mancilla, paradójicamente dedicaron amplios espacios a “desmenuzar” esa declaración y a despotricar contra lo realizado por la actual Comisión de Arbitraje.  Todavía la noche del domingo, pensaron que resultaba más “atractivo”  para sus audiencias hablar de una declaración de Mancilla efectuada la mañana del viernes que de todo lo sucedido en el mundo del futbol el fin de semana, lo que casi es un reconocimiento implícito a que el tema controversial causa más morbo e interés que otros muchos más relevantes.   Es evidente que en muchos programas y espacios periodísticos,  por falta de conocimientos futbolísticos, por costumbre, o simplemente por comodidad,  se abusa del recurso de hablar de las decisiones arbitrales, se suele responsabilizar a los jueces de condicionar el desarrollo de casi todos los partidos, y hasta se insinúan intenciones malévolas y conspiraciones nunca probadas. Luego, eso sí, que ninguno de los jugadores y técnicos implicados se atrevan a poner al árbitro de pretexto, porque entonces también servirán esas declaraciones para descalificar y polemizar, lo que se piensa, mejora el rating.    La esencia de lo que comentó Mancilla no resulta ni siquiera novedosa. Algo parecido le escuché decir, en 2002, al Presidente de la FIFA,  Josep Blatter, cuando intentaba bajarle el tono a los ataques sufridos por lo que se hacía llamar “crisis arbitral” –diagnóstico que los medios hacemos repetitivamente cada vez que se juntan tres o cuatro errores graves-   en plena Copa del Mundo, donde sobre todo la prensa de los países afectados -España e Italia, frente a Corea- se decía escandalizada y aseguraba que la credibilidad del futbol había sido dañada para siempre. Preocupado, sí, pero Blatter aseguraba entonces que el error humano formaba parte de la esencia del juego y por ende del arbitraje, por lo que si bien había que ocuparse en profesionalizar a los jueces y minimizar sus fallas, de todos modos siempre resultaría una labor propensa al error. Incluso daba a entender que la pretensión de la FIFA –y eso ha quedado más que claro- no era que la tecnología aplicara el reglamento y reinara la perfección en la impartición de justicia, pues consideraba que la polémica arbitral era también parte del “encanto” de este deporte, lo que lo hacía tan atractivo para tanta gente y una industria sumamente lucrativa. En México es evidente que los periodistas –lo escribí en este espacio desde febrero pasado- solemos abusar del tema arbitral a la hora de analizar un partido. Tal vez por darle gusto al aficionado más apasionado e iracundo, ese que suele culpar al árbitro de todos los males de su equipo y que le gritara “arbitro justo” al juez que se equivoque a su favor, se repetirán en distintas tomas sus fallas y errores, con cierto afán consolativo. Sinceramente me parece los males del arbitraje mexicano, muchas veces magnificados, no se acabarán porque despidan al hoy “non-grato” de Mancilla y pongan en su sitio a otro personaje, si éste también sigue bajo el estricto control de Decio de María, que da la sensación maneja esa Comisión a su conveniencia. También me gustaría que un ex árbitro fuera el presidente de esta comisión, pero no es fácil encontrar alguno que garantice independencia. De los verdaderamente reconocidos, y con trayectorias importantes, la mayoría está vinculado hoy a una televisora –lo que también generará críticas- o ha sido excluido del gremio bajo un manto de sospechas de corrupción. Y lo que es seguro es que ninguno de ellos impedirá que los árbitros no se equivoquen y haya semanas donde los errores se acumulen y se hable, con desparpajo y desmemoria, de una nueva “crisis arbitral” y se busque al “nuevo” culpable en turno.

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