Cabezas rodantes

¿Poner la cabeza de un técnico en bandeja? Es una costumbre en México el aceitar la guillotina a la menor provocación y en ocasiones, parece hasta morboso de nuestra parte el pedir la cabeza de un...

¿Poner la cabeza de un técnico en bandeja? Es una costumbre en México el aceitar la guillotina a la menor provocación y en ocasiones, parece hasta morboso de nuestra parte el pedir la cabeza de un estratega (mientras más famoso mejor) y publicar portadas que pronostican su caída.

Es común que en un torneo se publiquen en medios diversos unas 10 portadas con 10 técnicos distintos que deben caer. Obviamente a alguno de ellos le atinaremos, pero ¿qué tanto es esto coherente cuando el mismo entorno pide regularidad en los equipos, resultados y juego alegre?

Lo primero que debemos entender es que un equipo no juega bien porque tenga cuatro superestrellas o porque simplemente "se atreva a ir al frente". Un equipo juega bien cuando está bien trabajado, cuando el técnico ha sabido lograr que sus jugadores asimilen sus principios y cuando el plantel tiene la seguridad de aplicarlos en el campo porque se han dado cuenta que funciona y que los principales beneficiados son ellos.

Lo segundo a considerar es que, la regularidad en un equipo está obviamente ligada al trabajar con la misma gente durante un periodo de tiempo y, si cambia el técnico, a que el que llegue se mantenga con la misma idea, si se venden jugadores, que haya un trabajo de soporte para sustituirlos y que a largo plazo, se tenga una base deportiva y administrativa firme trabajando en equipos de fuerzas inferiores, en visorías y en las áreas de apoyo.

La tercera premisa es que los resultados, los verdaderos buenos resultados, los que dejan crecimiento en jugadores, técnicos e institución, se logran cuando las dos anteriores premisas se vuelven una costumbre. Así, se dan las ganancias sólidas, esas que llegan gracias a logros deportivos constantes y no a comprar "nombres" que lucirán en las playeras y que deberán cambiar cada seis meses.

Obviamente, si al mes y medio de arrancado un torneo, cuando ha sido más el tiempo de Pretemporada que de competencia se pide la cabeza de un estratega, cualquier intento de regularidad, cualquier esbozo de buen juego por trabajo y cualquier posibilidad de resultados a mediano y largo plazo, quedan descartados y entramos a terreno del famosísimo "bomberazo".

¿Qué puede cambiar en un equipo si se cambia el técnico a medio torneo? Tal vez se consiga por ahí el típico triunfo que provoca la publicación inmediata de la famosa frase "equipo que estrena técnico…", quizá se termine el torneo con un sistema de juego basado en individualidades y que haga soñar a la afición con victorias aisladas, o tal vez por ahí el entorno se tarde un poco en atreverse a aceitar la guillotina por segunda vez en menos de cuatro meses. Pero en realidad, los verdaderos beneficios para un equipo son realmente pocos.

Al ver el caso de Tecos no entiendo tres cosas, 1) ¿Qué hizo Darío Franco en la Pretemporada para que, sin que nadie se diera cuenta, dejara un equipo tan debilitado? 2) ¿Qué tan distinto sería Tecos en este momento si el técnico en el banquillo siguiera siendo Franco? y 3) ¿Si los Leaño querían traer a Menotti, por qué no lo contrataron al terminar el torneo anterior para que hiciera Pretemporada, escogiera refuerzos y se mudara con calma?

Los dos principales errores de las directivas en México son, primero, dejar que el entorno los desespere y les eche a un técnico a medio torneo y acto seguido, creer que el "bombero" que contrataron para salvar el campeonato anterior, por el simple hecho de haberle "echado ganas", debe quedarse en el equipo durante la Pretemporada, traer refuerzos y armar un equipo para luego, en el siguiente torneo, descubrir en la Jornada 5 que el "bombero" no es "arquitecto".

Así pues, si queremos coherencia, debemos dejar de hacer alguna de estas dos cosas:

O nos olvidamos de exigir regularidad, juego bonito y resultados más allá de un partido, y aceptamos que somos amos de la impaciencia y que nos gusta que en nuestros torneo relámpagos se vivan varias historias telenovelescas.

O bien, dejamos de pedir cabezas, de publicar ceses de técnicos antes de que sucedan y empezamos a pedir paciencia, a levantar la voz para exigir coherencia y buscar, de una vez por todas, un futbol regular, con posibilidad de prepararse para jugar buen futbol y que tenga una lógica de regularidad al menos a mediano plazo.

Yo al menos, me inclino por la segunda opción.

…Y AHORA, QUE SI ES VERDE, BLANCA O ROJA

Otro asunto que me tiene realmente sorprendido es la facilidad para crear un "telenovelón" a partir de la elección de tres colores. He visto, leído y escuchado cualquier cantidad de dramas porque la playera del Tri ahora puede que en un 60 por ciento de sus partidos, sea blanca.

No entiendo realmente cuál es el punto. La bandera de México tiene tres colores y siempre, los uniformes los han incluido. Incluso, en los primeros años de la Selección Mexicana de Futbol la playera era color rojo sangre. ¿Por qué nos molesta tanto que el primer uniforme sea verde o sea blanco si a final de cuentas en todos los torneos la FIFA acaba decidiendo de qué color vamos a vestir?

Tampoco me explico porqué cuando la Selección Mexicana Sub-17 ganó para todos nosotros la Copa del Mundo de Perú 2005 con el uniforme blanco como primera opción, ¿por qué no entonces se alzó la voz pidiendo la verde? Incluso después de esto hubo varios aficionados y medios que se dedicaron a recopilar los resultados de México con sus distintos uniformes y descubrieron que con el blanco, siempre nos va un poco mejor; en aquél momento, que tras estos datos se sugería cambiar a la playera blanca, me pareció un mero dato curioso y ahora que resulta que la onda está al revés, me parece más curioso aún.

Chucho Ramírez y sus jugadores usaron la playera blanca por cábala (que como razón de peso no requiere de grandes estudios) y seguramente también por la presencia que esta tenía en el campo. A mi que me digan lo que quieran, pero ver a México de blanco, desde hace dos años siempre me recuerda aquella gloriosa tarde del 2 de Octubre de 2005 en la que viví lo que nunca creí que me tocaría: ver al Tri Campeón del Mundo.

¿Por qué no dejamos estos temas y discutimos algo un poco más interesante? Bueno, eso haré y dejaré ese tema por la paz.

Por hoy me despido; no olviden que pueden mandarme sus comentarios a wgonzalez@mediotiempo.com. Nos vemos el próximo lunes o antes si el futbol nos lo demanda.

Muchas gracias a todos por hacernos grandes.

Walter GonzálezDirector Editorial

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