El regreso de la intolerancia

En estos Cuartos de Final regresó descaradamente la guerra fría entre las dos televisoras que se reparten la transmisión de partidos en el futbol mexicano. Fue una breve batalla oscura, de bajo...

En estos Cuartos de Final regresó descaradamente la guerra fría entre las dos televisoras que se reparten la transmisión de partidos en el futbol mexicano. Fue una breve batalla oscura, de bajo nivel, de poca monta, que retomó todas las artimañas que imperaban en los años setentas cuando todavía eran sólo un par de voces las que tenían el poder de dictar lo que se iba a ver, lo que se debía creer. Esto fue retomado, esperemos que sólo de forma accidental, por algunos comunicadores de Televisa y TV Azteca.

Era realmente desesperante ver la parcialidad exagerada de cada televisora para con sus intereses sin importar nada más. Se criticaron decisiones arbitrales sin siquiera pasar el fragmento correcto de repetición, sin saber o decir realmente qué era lo que se había marcado. Los casos fueron alarmantes cuando los directores de cámaras les detenían la jugada a los cronistas justo en el lugar para que detectaran que el árbitro había estado en lo correcto, y aún así, en ambas televisoras hubo reticencia a aceptar que el equivocado había sido el narrador. Ya de por sí los árbitros se equivocaron bastante en los juegos de ida como para que todavía les quisieran endilgar o inventar más fallas.

Lo que no puedo creer es que a estas alturas de la mediatización de la sociedad, en la que ya no sólo hay acceso a un par de voces en blanco y negro, sino que existe una gran cantidad de opciones disponbles en el momento en que queramos, se intente dictar una verdad absoluta sin importar si es un invento o una información sesgada.. ¿No se dan cuenta que ya no se puede? ¿que es imposible meter reversa en tan largo camino andado?

Las críticas al equipo de enfrente durante 45 minutos de una transmisión no son nada agradables para el aficionado. El señalar todo lo que debió haber hecho tal o cual equipo desde la Jornada 1, cuando están a media hora de quedar eliminados ya es una obviedad; haberlo dicho al iniciar el torneo, hubiera tenido un valor y quizá, podía haber ayudado a resolver algo, podía haber sido una crítica constructiva o al menos un intento de ella.

Hace 20 años, cuando la gente iba al estadio y la máxima expresión de la afición como conjunto era un chiquitibum, crearle un ambiente en contra al arbitraje o a un equipo en específico tal vez no pasaba de un abucheo. Pero hoy en día la pasión suele rebasar los límites de la inteligencia, hay grupos organizados que pueden sin ningún problema generar violencia, y en general el respeto al prójimo en un estadio se puede quebrar muy fácilmente; por lo tanto, los comunicadores debemos tener mucha responsabilidad, mucho cuidado, mucha precaución. Hacerle creer a una afición que está siendo perseguida por el arbitraje sólo para molestar a los vecinos del periférico puede costar ya la salud o incluso la vida de alguien.

No se trata de tener miedo a criticar, se trata de hacerlo de forma responsable y luego de haber estudiado el asunto. No podemos decir que el arbitraje está vendido si no tenemos pruebas, podemos hablar de errores graves de los jueces, de falta de preparación y tal vez proponer alguna solución. Podemos hablar de que un equipo dio un mal partido, que no funcionó su sistema, que tal o cual jugador no tuvo una buena actuación, pero no podemos satanizar a un jugador, montarle a un joven de 20 años una década de fracasos, ni asegurar que todo lo que hace una institución está mal cuando ya es inminente su eliminación, siendo que una semana antes hablábamos de "serias posibilidades" de ese mismo equipo.

Otro aspecto que me hizo sentir que había retrocedido en el tiempo fue la imperativa y omnipotente voz del dueño de Chivas que, invadido por el coraje de un empate de último minuto, desacreditó el trabajo de sus jugadores en la cancha. Vergara, o bueno, el Consejo de Futbol de Chivas, corrió al "Chepo" por jugar defensivo y pusieron a Efraín Flores, quien según ellos manejaba perfectamente la ideología chiva. Creo que si ahora Flores tuvo que recurrir a soluciones parecidas a las de su criticado antecesor, la lógica indicaría que el problema es un poco más de fondo y no sólo pasa porque los técnicos decidan que no quieren ganar por goleada.

El partido de vuelta de Chivas, con toda la artillería rojiblanca al mismo tiempo en el campo, fue la clara muestra de que en el futbol, la intención de jugar ofensivo no basta para hacerlo, sino que se debe trabajar a todos niveles de un club para poder lograrlo y tener la paciencia necesaria para esperar el tiempo en el que un grupo de jugadores y un sistema deba prepararse para jugar lo mejor posible.

Vergara es un hombre de esta época, conciente de la globalización, de la inteligencia que ha llevado a nuestra sociedad a crear soluciones, a respetar diversas voces y a propiciar la tolerancia. El dueño de Chivas sabe todo eso, sólo que en ocasiones parece que lo exige afuera de su equipo y no al interior del mismo donde algunas decisiones parecen sacadas de otra época.

No dejemos que el futbol camine para atrás. Propongo que trabajemos todos para que la tolerancia, la aceptación de la idea del de enfrente y sobre todo, la responsabilidad al emitir una opinión por parte de los comunicadores, sea la constante en este deporte. Ya no es fácil engañar a un espectador y no han ninguna necesidad de intentarlo. La audiencia es inteligente, pensante y tarde o temprano descubre si hay algún intento de manipulación de la verdad.

¡Ahh! Y Sinha que esté tranquilo, lo que le pasó a Toluca no es producto de que todos lo odien. Cuando un árbitro nos acuchilla, debemos recordar aquella ocasión en la que el arbitraje se equivocó y nos tocó salir beneficiados de rebote. ¿O ya habrá olvidado Naelson aquella Final en el Tec?

En fin, ojalá tengamos tranquilidad e inteligencia. Me despido por hoy, recordándoles que pueden enviarme sus comentarios a wgonzalez@mediotiempo.com, nos vemos el lunes, ya con finalistas, o antes si el futbol nos lo demanda.

Muchas gracias a todos por hacernos grandes.

Walter GonzálezDirector Editorial

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