La liga de los calientes

La decisión de echar a Sánchez Solá sorprendió a todo el medio futbolístico. Sabemos que en este caso, más allá de los resultados, lo que provocó el cese del "Chelís" fue la calentura de la...

La decisión de echar a Sánchez Solá sorprendió a todo el medio futbolístico. Sabemos que en este caso, más allá de los resultados, lo que provocó el cese del "Chelís" fue la calentura de la derrota ante Toluca, una nueva intromisión en el vestidor por parte de Francisco Bernat para poner en duda una decisión táctica del técnico poblano, a la que se le sumó la tensión del estratega que explotó con esa gota que cayó sobre su espalda.

Sin embargo, parece una broma de mal gusto que un técnico haya sido aguantado en el cargo tantos meses, ante tantos y tantos intereses que había alrededor, y que ahora, a 4 fechas de definir el descenso, un problema extracancha acabe con esa paciencia. Dejar a "Chelís" trabajar, al menos ha logrado que todo el futbol mexicano reconozca en este momento al Puebla como un equipo que juega bien, que ha logrado llevar con carácter la situación porcentual y que tiene un técnico con valentía para revolucionar en cierto sentido al futbol mexicano.

En plena calentura, Javier Cámpora, quien por cierto era el jugador que indirectamente provocó la controversia entre Sánchez Solá y la Directiva, también fue separado del equipo. Todos sabemos que a un grupo unido como el Puebla, le pueden hacer todo menos dar de baja a sólo uno de los jugadores, haciéndolo responsable de lo que todos deberían aceptar como una culpa conjunta.

Espero que las cosas se calmen y la cordura impere. Puebla, para bien o para mal, no tiene otra salida que dejar a Sánchez Solá y encarar de la mejor manera los últimos 4 partidos, con la conciencia de tener en sus manos su futuro.

Pero llevando este caso particular a un ámbito general en el futbol mexicano, me parece que los clubes, los jugadores, los técnicos e incluso los mismos directivos, deberían estar protegidos de las calenturas que en el futbol son muchas, y de las decisiones basadas en berrinches o en enemistades individuales.

Un equipo como el Puebla que pertenece a la que es económicamente (reitero, económicamente) la liga de futbol profesional más importante de América Latina, mucho más allá de quiénes sean en este momento sus dueños, no puede estar a merced de cosas tan insignificantes en la historia del futbol mexicano como una discusión de vestidor. No es posible que los integrantes de los 18 clubes de Primera División no tengan una protección y una obligación de responderle, no sólo a sus aficionados, si no a todos los involucrados en la liga.

Este caso afecta lo deportivo y por lo tanto, afectará el espectáculo. Por más que los 18 dueños de equipos de Primera División se hayan autoimpuesto como los "Amos Supremos e Irrebatibles" del futbol mexicano, el negocio depende de muchísimas personas más y éstas deben estar bien protegidas, con reglamentos y obligaciones perfectamente establecidas y con una estructura confiable dentro de la liga en sí, no sólo dentro de su equipo.

A los aficionados se les exigen cada vez más cosas para ir a un estadio, se les revisan hasta los orificios más personales, se les restringe hasta su forma de vestir, incluso ya para ver el duelo en televisión se les exige que contraten un sistema de televisión especial. ¿No sería justo que a nivel directivo se pusieran reglas claras para evitar que un simple berrinche acabe afectando a toda la liga?

Mientras no existan candados, protecciones y reglamentos institucionales y estrictos por parte de Federación Mexicana de Futbol hacia cualquier club de Primera División, el futbol mexicano seguirá teniendo ingresos altos pero un nivel organizacional bastante bajo. Mientras no se exija que cualquier club que esté en el máximo circuito tenga la obligación de establercer Fuerzas Básicas y escuelas con becas y ayuda para sus alumnos, no podremos hablar de un futbol desarrollado.

Mientras los dueños no entiendan que deben ubicar a personas preparadas deportivamente para tomar las decisiones de cancha y dedicarse ellos a tomar todas las decisiones empresariales, la cosa no va a mejorar.

Es lo mismo que sucede por parte de algunos narradores o "comunicadores" que suponen que por estar al frente de un micrófono saben más de táctica que el técnico que gana 100 mil dólares al mes, o más de técnica y decisiones en el juego que el futbolista que cobra 300 veces más en su sueldo mensual. Esa misma egolatría incomprensible se da en aquellos que creen que por el simple hecho de haber tenido el dinero para comprar un equipo, suponen que compraron también todos los conocimientos futbolísticos para saber más de futbol que su técnico y todos sus jugadores juntos.

Por hoy me despido, les recuerdo que pueden enviarme sus comentarios a wgonzalez@mediotiempo.com donde serán recibidos con mucha alegría. Nos vemos el próximo lunes o antes si el futbol nos lo demanda.

Muchas gracias a todos por hacernos grandes.

Walter GonzálezDirector Editorial

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