Sueños extraños

La pelota se fue por encima del arco… Sí, fue un bordecito en la cancha cuando parecía que todo estaba controlado el que lo llevó a poner el esférico en la tribuna y apretar el botón izquierdo del...

La pelota se fue por encima del arco… Sí, fue un bordecito en la cancha cuando parecía que todo estaba controlado el que lo llevó a poner el esférico en la tribuna y apretar el botón izquierdo del destino, ese que lo puso en el camino a un lado de la gloria y el éxito; digamos que en la carretera libre, desde donde se ve la autopista pero no se puede entrar a ella.

En el mismo partido en que los debutaron, su compañero el "Cachetes" Arzuela quiso deshacerse de un rebote en un corner y en medio del pánico se aventó un golazo al ángulo que campaneó en el travesaño, picó en el césped y movió violentamente la red superior del arco en el minuto noventa, casi cerrando los ojos. Era el otro botón de la historia y visto ahora, podemos ubicar al ídolo "Cachetes" en un vertiginoso camino de triunfos, viajes, premios y reconocimiento internacional en sólo siete años.

Nadie nunca se volvió a acordar de la jugada fallida, bueno excepto Epigmenio que no la olvidó. Su vida no fue un desastre, no fue un dramón de telenovela ni tuvo que acabar talacheando en la liga esa de apuestas el "Borrego de Oro", de hecho se aventó en cuatro años la carrera de Ingeniero y tuvo éxito y suerte para darle buena vida a su familia y buenas historias que contar. ¡Ah! y todos los sábados en un programa de radio, se soltaba tirando candela a los futbolistas, logrando que algunos lo llamaran "un gran crítico".

Dice "Epi" en público "yo dejé de jugar porque sólo subían a Primera a los que tenían influencias", y sus amigos siempre pensaban "qué poca madre, si tú juegas rebien". Pero luego cuando se quedaba solo, ya en el momento que todo está callado y su mente está "a nivel de cancha", ahí donde no hay posibilidad de engaño, recordaba ese maldito desnivel, no se dejaba de recriminar el hecho de llenarse de pelota. "Viene bonita, ésta la prendo", se recuerda diciendo un segundo antes de verla brincar y mandarla a las nubes. Hoy, en la cama de un Ingeniero cambia cada noche la decisión, "estoy solo, la bajo y toco suave"; se ve festejando el del triunfo, se ve en el Barcelona, en el Milán y en un Mundial.

Epigmenio no lo superó nunca, no tuvo el tiempo para digerirlo. Cuando el Profe tuvo que escoger, aplicó la tribunera y se fue por el que era portada en los medios. "Juegas bien Epi, pero ya veremos el próximo torneo", le dijo antes de regresarlo a Tercera y olvidarlo para siempre.

Un día, en un aeropuerto Epigmenio vio como el "Cachetes", sí ese que jugó en Tercera a su lado y debutó en el mismo partido que él, logró eludir con hábil maniobra una nube de reporteros y entró casi empujándolo al baño de hombres.

-"¡Epi!, no manches compadre, ¿eres tú?"-, le dijo el crack Arzuela y tras abrazarlo, le pidió, "aguántame, deja me disfrazo". Abrió una maletita de esas cafés llenas de simbolitos, se cambió los pants de la Selección por unos Dolce & Gabbana bien agujereados y una sudadera negra con una A/X en el pecho. Se puso el gorro y espetó, "hoy ya no aguanto mi Epi, llevo 12 horas de vuelo y quiero salir como cualquiera".

Será porque pensaba que se la debía, o porque el hablar tanto y tan mal de los jugadores lo había amargado, o tal vez por el simple hecho de querer estar en su lugar, pero el buen Epigmenio dejó de ser bueno, tomó la mochila con su laptop y cuando el "Cachetes" se agachó feliz para guardar su ropa usada, le asestó un golpe certero y letal en la nuca...

Ahí, justo en ese momento, siempre despierta Epigmenio. Ese sueño maldito lo tiene al menos una vez al mes en las concentraciones, incluso lo tuvo un día antes de la Final que ganaron el torneo pasado. Y siempre se levanta, se da un baño tembloroso, toma su maleta, se mira en el espejo para asegurarse que de nuevo tiene 21 años, y en cada centro que el "Cachetes" le manda por la banda izquierda piensa, "estoy solo, la bajo y toco suave… yo, no me convertiré en mi sueño".

____________________________________________________

Y sí, preferí no hacer una clásica columna de Clásico… Por hoy me despido, recuerden que mi correo wgonzalez@mediotiempo.com está abierto para recibir todos sus comentarios con felicidad y orgullo. Nos vemos el próximo lunes o antes si el futbol nos lo demanda.

Muchas gracias a todos por hacernos grandes.

Walter GonzálezDirector Editorial

Opina de esta columna aquí.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas