Gremlins Verdes

Un correo recibido la semana pasada aventó mi mente muchos años atrás y puso en primero plano cosas que estaban amontonadas en el baúl de los recuerdos, no olvidadas, pero sí empolvadas en el camino.

Un correo recibido la semana pasada aventó mi mente muchos años atrás y puso en primer plano cosas que estaban amontonadas en el baúl de los recuerdos, no olvidadas, pero sí empolvandas y almacenandas como parte del camino.

Recordé que alguna vez fui un "Gremlin", cuando en la secundaria, nuestro equipo de futbol y de hecho el grupo entero, fue bautizado de esa manera pues éramos los más chicos de esa escuela pequeña y entrañable que disfruté durante tres años. Aunque ahora imagino, que también para el mote influyó mucho que corríamos, alborotábamos y destruíamos todo lo que nos encontrábamos en ese territorio libre enclavado en pleno paisaje volcánico.

Teníamos una cancha de cemento con buenas porterías, todo del tamaño del futbol de salón, lo que sin darnos cuenta nos ayudó mucho técnicamente en el futuro; jugábamos de lo que sea y con quien se nos pusiera enfrente sin importar el tamaño, pues a los 12 ó 13 años, todos nos creemos lo suficientemente grandes como para no encontrar diferencias con un gigantón que nos saca medio metro. De hecho, uno de los duelos que convertimos en fugaz "Clásico", fue ante el equipo que armaban los más aventados de los maestros de la escuela, que tampoco eran tantos y que siempre fueron más amigos que cualquier otra cosa.

Los tenis no aguantaban mucho en esa la canchita de cemento, los famosos "samba" eran ideales para el terreno, pero al mes había que ir a pedir otros, pues nuestra grama devoraba hule. En fin, todo conformaba un espacio único, como el que seguramente todos Ustedes tuvieron en sus pubertos andares futboleros. Eso era Fair Play, futbol pura y llanamente.

Fue una secundaria especial, aleccionadora, que invitaba a la tolerancia y a tomar decisiones. El Profesor de Educación Física que fungía también como improvisado y benévolo prefecto, fue bautizado por nosotros como el "Chile", pues era un exiliado de la dictadura de ese país del nombre picante, típico, con barbita de chivo y toda la cosa, que no perdía la oportunidad de ponerse a jugar futbol con cualquiera que se le ponía enfrente. Claro, para alegría de todos los que nos le poníamos enfrente varias veces al día.

El mail provocarecuerdos hablaba un poco de que no podría existir ningún partido profesional mejor que esos duelos en esa canchita en la que las ganas de ganar y la bravura para intentarlo, no encontraban obstáculo alguno en la inocencia. Ahí no había dinero de por medio, ni siqueira nos preocupaba un trofeo y mucho menos humillar al rival; éramos Los Gremlins y simplemente jugábamos porque no podíamos dejar de hacerlo.

Esto es sólo un mínimo porcentaje de la avalancha de recuerdos que llegó a mi cabeza en plena planeación de todos los contenidos especiales que tenemos preparados para el partido del 12 de agosto. Me sacudió pero me provocó muchas más sonrisas de las comúnes y me hizo encarar con ánimo especial, el día más importante para el futbol mexicano y su entorno en mucho tiempo.

Afortunadamente, yo sigo entrando al campo o viendo cómo lo hace mi equipo, con la misma emoción como cuando me llamaban "Gremlin"; aún hoy el rodar de la pelota quita de mi cabeza todo lo que no tiene que ver con él. Y también sé de viva voz, que muchos de nuestros seleccionados nacionales sienten eso cuando el árbitro pita, pues ahí, el mundo deja de girar alrededor del sol y comienza a hacerlo alrededor de un montón de cuero que envuelve una bocanada de aire y sueños.

Días antes y días después del juego, podemos encontrar la cantidad de dinero que se gana o pierde con un gol anotado o errado, podemos, y lo hacemos con gran esfuerzo y a veces con acierto, encontar el contexto social, político, económico, artístico y cultural que envuelve a esos 90 minutos de ajetreo en la hierba. Antes y después del silbatazo analizamos, objetamos, rezongamos, soñamos, cobramos y planeamos.

Tal vez sea por eso que cuando un equipo representa a toda una sociedad, una vez que silba el árbitro no sólo están jugando los 22 que corren desaforados, si no que estamos totalmente metidos en el partido todos los que volteamos a ver la pelota en vivo o por televisión o Internet, todos los que la recreamos en nuestra cabeza al seguir una transmisión por radio o al leer la crónica. Quizá esa sea la razón de  que en ese espacio dividido en dos tiempos de 45 minutos, las leyes de la lógica son distintas.

Mientras la pelota rueda, todos somos como aquellos a los que alguna vez nos llamaban "Gremlins", esos que pateaban y siguen pateando la pelota, simple y sencillamente porque no pueden dejar de hacerlo.

Y aunque este 12 de agosto hay mucho de por medio, cuando llegue la hora marcada, sólo habrá una cosa que hacer: jugar futbol.

¡Venga Tricolor!

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Recuerden que mi correo, wgonzalez@mediotiempo.com, está a su disposición para recibir con alegría y respeto todos sus comentarios. Nos vemos el próximo lunes o antes si el futbol nos lo demanda.

No se pierdan todo lo que les hemos preparado con cariño especial para el México-Estados Unidos... simplemente se sorprenderán.

Muchas gracias a todos por hacernos grandes.

Walter González Editor General

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