Un Verano Americano

La Copa Oro, un torneo que por muchos años le pareció una competición irrelevante al futbol mexicano (y en la que nos dábamos el lujo de mandar Selecciones tipo “B”), tiene hoy una importancia.

La Copa Oro, un torneo que por muchos años le pareció una competición irrelevante al futbol mexicano (y en la que nos dábamos el lujo de mandar Selecciones tipo “B”), tiene hoy una importancia estratégica para el futuro inmediato del Tricolor. Ganar la máxima competición de Concacaf tiene tres recompensas primordiales: *Dar un golpe de autoridad sobre Estados Unidos, un rival que nos ha superado en puntos en las últimas tres eliminatorias mundialistas. (Sí, incluso en el famoso proceso rumbo a Alemania 2006 en el que -según Ricardo La Volpe- clasificamos “caminando”, Estados Unidos hizo más puntos que México y nos relegó al segundo lugar). *Ganar el torneo de naciones de la Concacaf reforzaría la autoestima del Futbol Mexicano y apuntalaría el proyecto de José Manuel De la Torre. No ganarlo generaría un ambiente de tensión sobre el grupo, cuestionaría futuras convocatorias de jugadores, planteamientos, y le metería una insana presión a la Selección Sub-23 que buscará el próximo año su clasificación a los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Ya ocurrió esto en la era “Hugo Sánchez”. *Conquistar la Copa Oro ofrece como premio la oportunidad de disputar la Copa Confederaciones de Brasil 2013, una vitrina mundial, que sirve como un estupendo ensayo para conocer sedes, estadios, logística, climas, condiciones generales, y sobre todo, otorga la posibilidad de enfrentar a rivales de gran nivel un año antes de la Copa del Mundo, sin duda, una interesante ventaja competitiva. 

¿ESTE CAMINO ES EL CORRECTO?

Desde que terminó Sudáfrica 2010, la Selección de los Estados Unidos ha disputado ocho partidos amistosos, de los cuales, seis han sido contra selecciones que estuvieron en la última cita mundialista, y tres de ellos frente a equipos que están entre los mejores cuatro del mundo: España, Argentina, Brasil, rivales de preparación que le encantaría tener a cualquier equipo del mundo. En contraste, México ha disputado nueve partidos desde Sudáfrica 2010. Sin embargo -con excepción de España- la calidad de los contendientes es notablemente inferior: Ecuador (dos veces), Colombia, Bosnia, Paraguay, Venezuela (dos veces), y Nueva Zelanda. Tras perder 4-0 con España el último sábado, Bob Bradley, entrenador estadounidense dejó clara la estrategia que sigue su selección: “enfrentar a rivales de esta calidad nos deja grandes aprendizajes. Cuando enfrentas a los mejores del mundo sabes que este tipo de resultados te pueden ocurrir. Sin embargo, estamos preparados -incluso- para estas cosas. El que no quiera tener estos tropiezos, mejor que no enfrente a equipos como España. Nosotros estamos preparados incluso para estas derrotas. Esto nos fortalece. El que tenga miedo de que le pasen estas cosas, mejor que ni se enfrente a rivales de esta categoría. Nosotros no tenemos problemas con esto. Sabemos que enfrentar a los mejores del mundo no sólo nos sirve para preparar una competición oficial, sino que nos deja aprendizajes para mucho tiempo”. Está claro que la de Bradley es una visión de largo plazo, una perspectiva de proyecto. La pregunta es: ¿por qué Estados Unidos es capaz de enfrentarse a esta clase de rivales y México batalla tanto para conseguir contendientes de gran nivel? ¿Tiene la Selección Mexicana el dinero suficiente para contratar a rivales que se encuentren entre los primeros diez de la clasificación mundial? Sí. Entonces... ¿Qué hace falta para programar partidos de mayor calibre que dejen lecciones valiosas a nuestros futbolistas? ¿Qué tiene más valor? ¿Golear a Nueva Zelanda o perder con un equipo de élite como lo está haciendo Estados Unidos? Lo de menos, en este caso, son los resultados de esos encuentros amistosos. Lo cierto es que algo está haciendo bien el futbol de los Estados Unidos...mucho, diría yo.

UNA VISITA A FENWAY PARK

Esta gira -de costa a costa- por los Estados Unidos, me está dando la oportunidad de disfrutar lo que hacen otra clase de atletas mexicanos: nuestros peloteros de Grandes Ligas, tipos excepcionales que se han ganado un lugar en el mejor béisbol del mundo y que -por lo general- no reciben los elogios que merecen en nuestro país. En Seattle, tuve la oportunidad de estar cerca del sinaloense Luis Ignacio Ayala, relevista de los Yankees de Nueva York, quien aprovechó la visita de su equipo a la ciudad para escaparse a ver a la Selección Mexicana de Futbol. Ayala se llevó al panameño Mariano Rivera, uno de los mejores taponeros de todos los tiempos al México vs Ecuador. Horas más tarde, fue una parte de la Selección Mexicana, la que visito el Safeco Field para ver a los Yankees ante los Marineros. El viernes pasado visité Boston y cumplí una de mis ilusiones pendientes, conocer Fenway Park, ese vetusto estadio que se convierte -día a día- en monumento de la cultura americana. Para poder sentarme en la fila F (la cuarta), justo detrás de la caseta de los Red Sox, a la altura de la primera base, tuve que desembolsar poco más de 500 dólares por dos boletos. Sin embargo, la inversión valió la pena ya que pude observar muy de cerca a Adrián González, el tijuanense que encabeza la Liga Americana en varios departamentos de bateo. Adrián es un atleta de excelencia, un pelotero natural que hace ver fáciles sus movimientos en el diamante, y que estará -sin dudas- en el próximo Juego de Estrellas, por donde los últimos años han desfilado mexicanos como Joakim Soria, Esteban Loaiza, o Vinicio Castilla. El resto de la gira me depara dos oportunidades más para de ver beisbol: la primera con los Washington Nationals vs San Luis Cardinals y la segunda y última, los Dodgers vs Angels en Los Ángeles. Si tengo suerte, podría ver en el montículo a la que parece ser la última gran revelación del beisbol mexicano, el tamaulipeco Jaime García, zurdo de los Cardenales de San Luis, que lleva marca de 6-1 en esta campaña. Se trata sin duda, de un verano muy americano. 

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas