Jorge Witker.

Errores repetidos

Martes 6 de Noviembre del 2012



Es un añejo mal del futbol mexicano que se “hereda” de generación en generación entre nuestros directivos. Puede ser por falta de memoria, por el desconocimiento de la historia, o simplemente por la constante improvisación de quienes toman decisiones basadas en ocurrencias o creencias.

Sea por lo que sea, no es extraño que “sobre la marcha” estos dirigentes aprendan tarde de los mismos errores que otros cometieron en el pasado y el futbol mexicano en infinidad de rubros viva condenado a repetir lecciones viejas a hombres nuevos.

Ejemplos de los “bandazos” que se ha dado en el formato de competencia sobran;  un día decidieron que 20 equipos eran muchos y redujeron a 18 y sólo unos años después recapacitaron para aumentar el cupo a 20 y más tarde “reajustaron” para tener 18.

Ahora que revivieron el torneo de Copa, repitieron el mismo formato que hace 16 años resultó tan poco atractivo y costoso, que decidieron suprimirlo del calendario. Pidieron “el beneficio de la duda” y acabaron comprobando que esa fórmula no era la adecuada, tal como se podía concluir de la simple revisión de aquella experiencia.

Otro error común es la incapacidad para prever situaciones que son perfectamente detectables con un poco de sentido común; uno de los fallos históricos más absurdos fue una reingeniería de la Liga de Ascenso hace unos años, cuando quisieron convertir el torneo en un campeonato de filiales obligando a todos los equipos de la Primera División  a tener un representante en la Primera A, y no previeron que estas filiales podían descender,  lo que sucedió y provocó que después un desorden de torpes decisiones que afectó el circuito durante varios años.

Y otra decisión que me parece errónea –y no por gusto, sino por conocimiento histórico- es la de jugar la última jornada del campeonato a libre horario, lo cual resulta conveniente para los intereses de las televisoras, y en lo económico seguramente positivo para la mayoría de los equipos que tendrán la exposición habitual de cada fin de semana, lo que no sucedía cuando todos los juegos definitivos se programaban a la misma hora.

Es cierto que a la última jornada llegan clasificados los equipos que han hecho mejor las cosas y que los que dependen de sí mismos o de terceros para colarse en los últimos 90 minutos a la Liguilla algo dejaron de hacer correctamente en las anteriores 16 jornadas que los obliga a depender de lo que suceda en la última.

El argumento para haber revertido la decisión de que todos los juegos decisivos en la última fecha se jugaran  a la misma hora suena verdaderamente hueca: “confiamos en la honestidad del futbol mexicano”

Tanto a nivel mundial como a nivel nacional, hay muchos ejemplos de que “confiar en la honestidad” no es suficiente. En todas sus competencias FIFA se programan los juegos definitivos de grupo a la misma hora, lo que en lo económico seguramente no es positivo, pero ayuda a salvaguardar la credibilidad del deporte y da certeza deportiva a los participantes, lo que resulta fundamental también para la salud del negocio.

En México ya sucedió antes y no dudo que pueda repetirse ahora y que tras una situación así, los directivos vuelvan a dar marcha atrás y “aprendan” de un error viejo. Y no hablo necesariamente de “deshonestidad”, simplemente de equipos que pueden  jugar con la “ventaja” de saber lo que necesitan y de equipos que no tienen esa posibilidad.

Este fin de semana, por citar un  ejemplo, Los Xolos de Tijuana podrían decidir alinear a suplentes en su partido ante Chivas, duelo con el que se cierra la fecha el domingo a las 17 horas, si los resultados de la jornada le favorecen. Ese acto no tendría nada de “deshonesto” pero afectaría a terceros implicados que con el Guadalajara están peleando por colarse a la Liguilla. No es un detalle menor en una competencia que pretende cierta paridad y justicia. Es evidente que a algunos directivos no les gusta leer de historia ni mirar el pasado, pero sería bueno que lo hicieran, porque cuando la realidad “les sorprende” sólo a ellos, en realidad dejan al descubierto su propensión a tropezar dos veces -o más- con la misma piedra, lo que no es un síntoma de inteligencia.

Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.

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