Messi y la ceguera

Alguna vez, cuando era un adolescente, cometí el error de contagiar mis juicios futboleros de estúpida parcialidad y no disfruté plenamente los triunfos del mejor futbolista mexicano.

Alguna vez, cuando era un adolescente, cometí el error de contagiar mis juicios futboleros de estúpida parcialidad y no disfruté plenamente los triunfos del mejor futbolista mexicano que ha jugado en el extranjero. Seguro le pasó a muchos de mi generación.

En la década de los 80, Televisa convirtió a Hugo Sánchez, delantero centro del Real Madrid, en una estrella más de su programación y "promovía" descaradamente la Liga española -que entonces no lo era- como la mejor del planeta. Las declaraciones de Hugo no ayudaban, y el personaje parecía autoflagelarse su propia idolatría. Del otro lado, donde transmitían el Calcio Italiano, entonces un campeonato que estaba un escalón arriba y en el que jugaban los mejores futbolistas del planeta (Platini, Zico, Maradona, Gullit o Van Basten), se la pasaban minimizando el valor de los goles y los logros de Hugo. Se aseguraba que el Madrid "robaba" en la Liga española -lo cual era cierto- y que los "Pichichi" de Hugo llegaban casi como consecuencia de jugar como titular en el mejor equipo de un torneo muy desigual.

Se acusaba a Hugo de ser un simple "caza goles", de tener mucha suerte y de participar poco en la elaboración de juego de su equipo. Conceptos que hoy algunos repiten por alguna extraña razón para descalificar a Javier Hernández, al que "acusan" de ser un producto de mercadotecnia inflado, casi un invento del periodismo más bizarro.

Lo mismo creo que está sucediendo, penosamente, con Lionel Messi. Entiendo que en este mundo globalizado la rivalidad entre los dos grandes del futbol español, FC Barcelona y Real Madrid, divida opiniones a lo largo y ancho del planeta y haya en México, Perú, Nueva Zelanda o Costa Rica, gente que se muestre más involucrada y entusiasta con el acontecer de estos equipos que con los de su localidad o región. El encono entre ambos clubes, agudizado en los tiempos de Mourinho y Guardiola, genera hoy posturas incendiarias que a mi juicio han rebasado lo deseable. Producto de ese "fanatismo" que todo lo distorsiona, muchos prefieren perderse del espectáculo si éste no proviene de su equipo favorito, y descalificarlo por completo si se trata de méritos del rival más odiado.

En esa poco inteligente dinámica hoy hablar elogiosamente de Lionel Messi o declararse sorprendido por sus hazañas es visto como un acto de “partidismo”. Me causa una profunda pena la “ceguera” de algunos aficionados –ni que decir de ciertos periodistas-, incapaces de disfrutar del juego de Messi, el mejor futbolista del planeta hoy en día. A todas las marcas que sigue rompiendo el argentino se le ponen peros, se le buscan detalles. Claro que le ayuda jugar junto a otros grandes como Iniesta y Xavi. Es cierto que el FC Barcelona tiene un funcionamiento colectivo que le favorece y que la diferencia con buena parte de los equipos de la Liga española es grosera, y refleja una evidente inequidad, la misma que también ha aprovechado en el Real Madrid un fuera de serie como Cristiano Ronaldo.

También es cierto que para rebasar los 85 goles que “El Bombardero alemán” juntó en 1972, Messi jugó seis juegos más que Gerd Müller, pero la marca que rebasó no es de más goles en 60 partidos jugados sino en un año calendario. Es como pretender hacer menos a Müller porque hizo esos 85 goles en tiempos en los que el futbol ofrecía más elevados promedios de gol generales, o querer demeritarlo en el comparativo por el hecho de que el alemán era un delantero centro nato -uno de los mejores de todos los tiempos- y Messi en cambio juega por todo el frente de ataque y no es propiamente el jugador más adelantado en sus equipos. Cada época fue diferente y esa marca estadística les dignifica a ambos.

En la prensa deportiva española, párticipe activa en esa polarización insana, incluso algunos se desgastan en vano queriendo restarle goles "oficiales" a Messi, que bien que mal en actas arbitrales fueron acreditados como tales, para buscar que no se quede con esa marca. Sinceramente, un gol más o uno menos, además de que no parece decisivo para este récord, no hará más o menos jugador a Messi. A quienes nos gusta el futbol en general, más allá de tener preferencia por uno u otro equipo, tendría que agradarlos ser testigos de lo que realiza un futbolista genial y talentoso que a los 25 años ve encaminado a convertirse en uno de los mejores de la historia. Aún en tiempos en los que la capacidad de asombro parece haberse perdido, la cantidad y calidad de goles que entrega Messi termina por sorprender. Ojalá el “fanatismo” no impida que podamos disfrutar de sus proezas, como de las de futbolistas fuera de serie como Cristiano Ronaldo, Andrés Iniesta, Zlatan Ibrahimovic, Xavi, Andrea Pirlo, Wayne Rooney, Radamel Falcao o Antonio Di Natale, entre otros grandes que semana a semana nos dan argumentos de sobra para justificar el habernos enamorado de este deporte, y muchas veces los convertimos en simples pretextos para pelearnos estúpidamente por unos colores.

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