Medallas y lecturas diferentes

Unos Juegos Panamericanos no sólo son una vitrina o escaparate para conocer el estado de salud del deporte de un país, al menos el de alto rendimiento.

Unos Juegos Panamericanos no sólo son una vitrina o escaparate para conocer el estado de salud del deporte de un país, al menos el de alto rendimiento. También dejan ver el nivel del periodismo “especializado” que da cobertura al evento, rubro en el que hay mucho por mejorar. Buena parte de los dirigentes deportivos se han acostumbrado a “justificar” su chamba a base de medallas, a pensar que los atletas que obtienen alguna presea son exitosos y los que no logran un sitio en el pódium panamericano –o en cualquiera competencia que se realice con tantos reflectores mediáticos- fracasan rotundamente. A ello se han habituado porque en eso se basa el tratamiento que les dan en los medios masivos, cuya capacidad de análisis, por ignorancia, por costumbre, o a veces hasta por falta de tiempo, suele ser así de simplista: Medalla igual a éxito; todo lo que no sea medalla no sirve. Falta en nosotros los periodistas deportivos el conocimiento o el seguimiento –los medios también son responsables de que muchos deportes sólo tengan espacio de manera eventual y aislada– para ayudar a hacer entender al público el verdadero valor de un resultado deportivo, que de ninguna manera se reduce a ganar o no una medalla, sobre todo en justas regionales como Centroamericanos o Panamericanos. Sin ello, periodistas, medios y aficionados, seguiremos adoleciendo de una verdadera cultura deportiva. Hay atletas que en estas citas pueden acceder al oro tal vez sin necesidad de enfrentarse a uno de los 10 mejores de la especialidad en el mundo, aprovechando que en la zona esa disciplina no es tan competida o que la calendarización de los Juegos se cruza con campeonatos de mayor rango;  otros pueden conseguir un extraordinario cuarto lugar enfrentando a buena parte de los más calificados del planeta y aún así serán criticados o, en el mejor de los casos, olvidados por la prensa resultadista. Existen deportes como el futbol varonil, que son casi decorativos y cuyo Torneo tiene un nivel competitivo bajo. De entrada se premiarán a tres de los ocho participantes –casi el 50 por ciento- los cuales clasificaron tras disputar una Eliminatoria para otra competencia y en una categoría diferente, ya que le dieron lugar en Guadalajara 2011 a los cuatro países de CONCACAF y de CONMEBOL que estuvieron lograron su boleto para el Mundial Sub-17 efectuado en nuestro país. Y ahora resulta que uno de los ocho competidores, en este caso Trinidad y Tobago, fue invitado de último momento para sustituir la vergonzosa ausencia de Guatemala, otros, como Uruguay, fue convencido hace semanas de traer a un equipo Sub-22 como lo permite el reglamento y algunos más como Brasil y Argentina decidieron mejor ser representados por sus combinados Sub-20. Ya hace cuatro años, en Río de Janeiro, se vivieron esos desajustes, pues los equipos del cono norte acudieron con equipos juveniles (Sub-20) mientras los del cono sur lo hicieron con Sub-17, y México, que tenía a su equipo juvenil titular participando en el Mundial de la categoría en Canadá, mandó una especie de Selección Sub-20 "B" con la que incluso le alcanzó para quedarse con la Medalla de Bronce, tras perder en penales de manera penosa con Jamaica.    En el futbol –deporte en el que me animo a ser más categórico en mis comentarios por ese mayor conocimiento que en muchos otros me falta- se ejemplifica esa disparidad de dificultades que acompañan una actividad y que deberían ser consideradas en otras disciplinas si hubiera el afán de ser justos y responsables en los juicios como comunicadores, lo que no detecto en algunos colegas. Mientras es evidente que el equipo de Luis Fernando Tena tiene la obligación de ganar una medalla en la rama varonil -inclusive el Oro-  no podría usar el mismo parámetro en la rama femenil, en la que sí bien también disputan el certamen únicamente ocho selecciones, en esta vertiente no se impuso reglamentariamente un límite de edad, y aunque Estados Unidos no estará presente, las pupilas de Roberto Medina tendrán que medirse en la primera Fase con Colombia, país con gran crecimiento reciente en esta rama, y en instancias decisivas seguramente con dos potencias a nivel mundial como Brasil y en menor escala Canadá, que aún sin sus mejores integrantes, son candidatas a estar en el pódium, y ya ganaron Medallas hace cuatro años en Río. Para las mexicanas una presea de Bronce en Guadalajara 2011 podría ser un gran resultado, lo que en el caso de los varones no lo sería, más allá de que efectivamente varios de los contrincantes del Tri masculino no vayan a ser un flan como se pensó originalmente cuando en CONMEBOL se había anticipado que acudirían a la fiesta de América únicamente con equipos integrados por selectivos Sub-17. México ha conquistado en el futbol panamericano varonil un total de ocho Medallas –tres de Oro, tres de Plata y dos de Bronce – en las 12 ediciones en las que tuvo participación (en las ediciones de 1951, 1963 y 1979 no concursó), y mantiene un sitio entre los tres mejores de la sui géneris competencia panamericana desde la versión de La Habana 1991 a la fecha, aunque en Santo Domingo 2003 y Río de Janeiro 2007 sólo le alcanzó para colgarse el Bronce. Cuando fue anfitrión en esta clase de juegos, el Tri obtuvo la Plata en 1955 y el Oro –compartido con Brasil en un inédito final con un misterioso apagón evitando que terminara el tiempo extra de la Final tras un empate a un gol- en 1975. Tampoco fue fácil, y eso que se tuvo a la altura de la Ciudad de México a favor, circunstancia que hoy no existe. Jugar en casa otorgó recompensa en este deporte en 10 de las anteriores 15 ediciones panamericanas, incluyendo preseas a países tan poco futboleros como Estados Unidos (Bronce) en Chicago 1959, Canadá (Bronce) en Winnipeg 1967, o hasta Puerto Rico (Bronce) en San Juan 1983 y Cuba (Bronce) en La Habana 1991. También los grandes como Argentina (Oro) en Buenos Aires 1951 y (Oro) Mar del Plata 1995, y Brasil (Oro) en São Paulo 1963 o Colombia (Plata) en Cali 1971, lograron sumar alguna presea pateando un balón del número 5. Por ese historial, y también por el presente, es absurdo no exigir el metal dorado como objetivo. Y no desconocemos que a Tena la sanción a ocho de sus mejores jugadores ya le cobró factura en la pasada Copa América; tampoco ignoramos que la FMF no ha sido seria en el apoyo a este equipo al que le consiguió pocos partidos amistosos de valor y que los clubes mexicanos se dieron el lujo de contar con los seleccionados panamericanos incluso el pasado fin de semana, apenas a tres día del debut de este miércoles. Y aún así, ninguna de las otras selecciones que están en Guadalajara –incluyendo a Uruguay que ni siquiera había podido aterrizar en la ciudad- han dispuesto de tanto tiempo de trabajo, ya que algunas tienen incluso menos de dos meses de haberse integrado. Otro factor que puede ayudar a México –aunque eso está por verse- es la superficie artificial del Estadio Omnilife, en el que varios de los elegidos por “El Flaco” se sienten como en “casa”. Tal vez el escollo más complicado, además de Brasil que acude con la base del equipo que con Ney Franco en el timón se coronó en Colombia 2011, sea Ecuador, que buscará retener la Medalla de Oro que inesperadamente se adjudicó hace cuatro años. Una petición especial, es que en este mismo espacio opinen si prefieren que me mantenga como columnista permanente o si gustan más del blog Futbolteca, al cual puede acceder en este mismo enlace http://blogs.mediotiempo.com/futbolteca/ durante los Juegos Panamericanos. Estamos abiertos a sus sugerencias y críticas. Nos interesa su retroalimentación.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas