No importa quién sea nuestro rival en los Dieciseisavos de Final, México está obligado a ganar contra Chequia este miércoles. Contra Sudáfrica y Corea del Sur demostraron un planteamiento defensivo eficaz, a pesar de las críticas. Ahora, toca generar goles y establecer un verdadero ritmo ofensivo que lleve a nuestra selección a la segunda ronda, hacia el lugar de la historia que tanto anhelamos como afición. Sin ritmo ofensivo no llegaremos a ninguna parte.
Celebremos los logros: clasificar por cuarta vez como primero grupo y dos partidos sin permitir gol. La victoria contra Chequia garantizaría clasificar invictos por segunda vez, y obteniendo los 9 puntos posibles ¡por primera vez! Lo obtenido hasta ahora es un triunfo del estilo defensivo; sin embargo, como mencioné en mi columna anterior, aún nos falta arriesgar más en el planteamiento ofensivo, generar oportunidades de gol y concretarlas.
Mi expectativa no es menor, pues ahí reside la diferencia entre la fase de grupos y la segunda fase del Mundial. En la primera fase lo importante es clasificar y obtener la mejor posición posible para avanzar a la siguiente ronda. Pero una vez clasificados, empieza un nuevo juego, es ganar o morir y no podemos escatimar recursos. Aunque el partido contra Chequia no afecta nuestra posición como líder de grupo no debemos desestimarlo: es nuestra oportunidad de definir un estilo de juego que busque el gol con contundencia y disciplina.
El encuentro también nos ofrece la última oportunidad para definir la alineación de la siguiente fase. Las alineaciones previas mostraron las fortalezas y debilidades de los seleccionados, así que el once titular debería exponer con claridad quienes son nuestros mejores perfiles para ganar. Los primeros dos partidos me permiten afirmar que contamos con los jugadores para implementar una defensa efectiva y una ofensiva propositiva.
Julián Quiñones es nuestro delantero estrella. Gil Mora es un mediocampista que aporta velocidad por la banda y genera oportunidades. La expulsión de César Montes ante Sudáfrica dio oportunidad para que Edson Álvarez luciera como defensa central contra Corea del Sur. La versatilidad del Piojo Alvarado para ajustar por la banda derecha en apoyo defensivo es fundamental. El gran partido de Erik Lira nos muestra que podemos consolidar la media con Morita, Lira y Fidalgo, fundamental para garantizar salidas ofensivas.
México cuenta con una oportunidad dorada para llegar a los dieciseisavos con un perfil y aspiraciones claras tras este partido. En su casa, con su afición, frente a un rival que ha viajado extensamente durante la fase de grupos: ¡las condiciones están dadas y no hay excusas para no lograr una victoria contundente! Es el momento de refrendar el buen trabajo en la fase de grupos y aprovechar la incertidumbre que enfrentan otras selecciones, entre ellas varias “grandes”.
La segunda jornada separó a los contendientes de los pretendientes y mostró que ninguna selección está libre de errores o críticas. Selecciones como Argentina, Francia, Japón y Países bajos refrendaron su condición de favoritas tras victorias contundentes. Otras selecciones como Alemania, Brasil, España o Noruega siguen sin convencer o develar su verdadero potencial de juego, a pesar de también haber ganado.
El siguiente escalón lo conforman equipos como Canadá, Egipto, Estados Unidos o Suiza, cuyas victorias ante rivales claramente inferiores maquilla su verdadero potencial. Tras ellos están Paraguay o Marruecos, con victorias endebles tras no saber resolver partidos que les eran claramente favorables y no inspiran confianza. ¿Podrían avanzar a la segunda ronda? Es probable, pero no cuentan con garantías de lograrlo.
A la par de estas selecciones, en un escalafón espacial están las sorpresas del torneo: Irán y Cabo Verde. Los iraníes han sabido sortear los obstáculos políticos y lograron dos empates dignos que, ante la última jornada, les da oportunidad de avanzar si vencen a Egipto. Cabo Verde también logró dos empates ante dos selecciones candidatas como España o Uruguay, en partidos donde nunca perdieron la posibilidad de ganar. Su fútbol disciplinado también los tiene a las puertas de la segunda ronda si vencen a Arabia Saudita.
Mención especial merece Curazao. A pesar de iniciar el mundial con la derrota de 7-1 contra Alemania (para su fortuna, no es el 7-1 más famoso acometido por Die Mannschaft), se repusieron para su encuentro contra Ecuador y lograron un empate a ceros que les dio su primer punto en un mundial. Ese punto es una línea de vida que ofrece una posibilidad remota de avanzar si vencen a Costa de Marfil. Aunque los marfileños perdieron con Alemania, les dieron juego y tampoco podemos descartarlos.
En el último escalafón están las decepciones del mundial: Bélgica, Suecia, Ecuador, Turquía y Uruguay. Sus ambiciones y expectativas fueron muchas, pero su juego en la cancha ha mostrado sus deficiencias y limitaciones para lograrlas. Salvo los turcos que ya fueron eliminados, el avance del resto de las selecciones a la siguiente ronda, incluso como mejores terceros lugares, no está en sus manos y depende de los resultados de otros partidos.
Por eso México debe complementar su estilo defensivo con un ritmo ofensivo que cree y consolide oportunidades de gol, y colarse como el único anfitrión entre los favoritos para ganar el Mundial. Jugar “a la segura” será inútil en la segunda ronda, como muestra el ejemplo de España. Tras ganar el mundial en 2010 han sido eliminado en los tres mundiales siguientes: en fase de grupos en 2014, y en octavos de final en 2018 y 2022, ambas veces en penales. Aun así sus jugadores los convierte en favoritos. ¿Ha sido suficiente? No, veamos.
En los últimos tres mundiales, España sólo obtuvo 3 victorias en la fase de grupos (una por mundial) junto a 3 empates y 3 derrotas. A excepción de su victoria 7-0 contra Costa Rica en 2022, la constante en la fase de grupos fue una ofensiva estancada que sufría para anotar. Esos problemas los acompañaron en los octavos de final: incapaces de ganar en tiempo reglamentario, fueron víctimas de sus deficiencias y perdieron en penales.
El punto es claro: llegar a la segunda ronda sin una propuesta ofensiva es una condena al fracaso. Nuestros rivales minimizarán sus errores, por lo que importa más la capacidad de generar goles que la efectividad al defender. México debe entenderlo y enfrentarlo con determinación. No significa que la expectativa sea golear, pero sí demostrar que puede anotar 2 o 3 goles producto de su propia estrategia, no de los errores del rival.
La afición mexicana está contenta y dispuesta a perdonar las deficiencias o limitaciones de la selección mientras entregue resultados. Como anfitriones, el escenario está puesto para que trascendamos nuestra historia mundialista. Si México hace bien su trabajo, el camino hacia la Copa nos garantiza dos juegos más de local antes de salir del terruño para pelear por la final. La localía debe pesar para consolidar nuestro juego ofensivo.
El legado de esta selección comienza este miércoles contra Chequia. No sólo por lo que les cuento: demostraría que hemos cambiado la página, que dejamos atrás el pasado de precauciones para arriesgarnos por un futuro de éxito. La afición confía en ellos porque han dado resultados en los últimos dos años y este Mundial debe culminar el proceso. De él nacerá una nueva esperanza nacional, que tanto necesita el ánimo popular.

