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Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

Condena reglamentaria

Uno los ve sobre la cancha y entiende su desesperación. Con manotazos al aire y gritos que encuentran oídos más no la atención requerida, los jugadores de Gallos Blancos hacen ver su frustración por estar luchando en una batalla en la que cada uno de los factores en juego –salvo su indomable voluntad- se combinan para señalarlos como los candidatos a perder su lugar en el Máximo Circuito de nuestro balompié.

Es Querétaro en esta ocasión, pero podría llamarse de cualquier otra manera. Cada que un equipo asciende, el medio futbolístico da por entendido que el sueño de miles de aficionados puede convertirse en pesadilla y frustración de un momento a otro.

El sistema del porcentaje está hecho para proteger los intereses de las escuadras tradicionales. El argumento más usado consiste en señalar dicha modalidad de competencia como un elemento útil para obligar a los conjuntos a obtener buenos resultados tanto a corto como a mediano plazo.

Visto de manera incompleta es válido, pues la continuidad y la constancia en el futbol son rubros necesarios para que una entidad pueda ser catalogada como seria y triunfadora. Sin embargo, el sustento de dicha exégesis se rompe en cuanto los eternos involucrados en la batalla por mantener la categoría –y usuales derrotados- son las entidades que vuelven o apenas empiezan a trazar su propio camino en nuestra división de elite.

El ascenso en México se ha venido manejando al más puro estilo de quien te invita a la fiesta pero te niega el acceso cuando estás esperando que te abran las puertas. Con humor político, los dirigentes de nuestro balompié han decidido aplicar un ejercicio semejante al "comes y te vas de Vicente Fox". En el ámbito futbolero diremos que es "juegas y te vas", porque en cada una de las decisiones que se toman queda de manifiesto que la cúpula federativa apuesta por una permanencia fugaz de los Gallos en la Primera División.

Las pifias arbitrales pueden entenderse. Los hombres de negro son humanos y por tanto imperfectos. No obstante, empiezan a generarse las dudas cuando estos errores van acompañados por inexplicables decisiones emanadas desde los más altos escritorios de la Federación Mexicana de Futbol.

No digo que todo esté arreglado: Santos tardó en hacer lo suyo, pero está tomando ritmo y mostrando el carácter necesario para rescatar su prestigio y confirmar que aún tiene deseos de volver a ser uno de los equipos protagonistas de los torneos cortos. Lo que no puede dejar de señalarse es que siempre se ha percibido un marcado favoritismo hacia las instituciones con mayor poder económico y con mayores influencias en el Comité de Dueños.

Muchos explican la situación como un derecho de piso que es debido pagar para entrar al cerrado círculo; me parece suficiente con tener que enfrentarse a escuadras consolidadas y que cuentan con millones de dólares para reforzarse de una campaña a otra. Reitero que los nombres son lo de menos… pueden ser Santos y Querétaro o Atlas y Dorados, no importa. La única petición es que sea el deporte mismo el que decida quién sí y quién no sale airoso en la lucha por evitar el descenso. Condiciones de igualdad es lo menos que debemos exigir para que no sigan presentándose inconformidades de unos y abusos de otros.

Muy pocos ascendidos han sido capaces de las cadenas que los mantienen atados y a merced del infierno que significa volver al circuito de ascenso. Querétaro sigue vivo, luchando y derramando hasta la última gota de sudor para rescatar un viaje que parece perdido. Sea cual sea el resultado final, habría que apostar por el espíritu deportivo y por una convivencia democrática y equitativa –ojo: este par de palabras aún pueden ser efectivas pese a que los políticos se han apropiado de ellas.

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