Ser de "sangre azul" usualmente equivale a estar entre la nobleza, a formar parte de la "alta sociedad", esa que no se mezcla con el pueblo y que tiene el poder de tomar decisiones. Pero no siempre resulta benéfico, al menos no en el ámbito futbolístico. Y no me refiero a la posición social de los futbolistas, que es otra cuestión, sino a la deplorable manera en que la Máquina Celeste está tratando al único Campeón del Mundo nacido en nuestro país que ha tenido en sus filas. Con la mano en la cintura, como si se tratara de un equipo ganador y que no requiere de la sangre joven, la institución cementera desprecia los servicios de uno de los integrantes de la generación más prometedora en la historia de nuestro balompié.
Da la impresión que en la Noria no se cansan de equivocarse y de pecar de soberbios. Hoy, después de fracasar una y otra vez bajo la fórmula de apostarlo todo al talento de los refuerzos extranjeros, mantienen su postura y desdeñan a uno de los pocos valores que han salido recientemente de las filas cruzazulinas. Confiar en que el prestigio de los "inflados" jugadores importados y la experiencia de los veteranos serán suficientes para conseguir el título aparece como una apuesta riesgosa y que muy difícilmente acabará con saldo positivo. Cuesta trabajo asimilar que los torneos de fracasos rotundos no han servido para cambiar la manera de pensar en una entidad que constantemente se precia de ser orgullosamente mexicana.
Muchas han sido las ocasiones en las que la sequía de títulos logra erradicarse a través de estrategias que privilegian el respeto a la identidad y a la esencia de las instituciones afectadas. Para ello, se apela a hombres que conocen desde adentro el entorno, que defienden la playera con orgullo y que no están pensando desde antes de comenzar el torneo en qué tantas ofertas le van a llover del extranjero. Es el compromiso personal por encima del netamente profesional. Pero, pensando como los azules, no tiene caso apelar a los principios y a los ideales en pleno siglo XXI.
El futbol no es sólo imagen. Cruz Azul tendría que estar cansado de realizar contrataciones mediáticas. Lo mismo sucede con Tigres, América y algunos otros. Yo me pregunto: ¿por qué César Villaluz no está en planes? ¿Será porque no vende playeras o porque no tiene un representante que sepa venderlo en millones de dólares? Sólo explicaciones de ese tipo se me ocurren, porque cuesta entender que no se apoye a un elemento habilidoso y que formó parte de ese conjunto que rompió la barrera del ya merito para situarnos en la cúspide futbolística.
Aún es demasiado pronto como para olvidar las promesas de impulso a los jóvenes Campeones del Mundo realizadas por los diversos propietarios y presidentes de la Primera División. Se habló de una nueva perspectiva; se presumió un trabajo de fuerzas básicas que en realidad nunca ha interesado del todo en la mayoría de los casos. Y ahí estaban ante los micrófonos, afirmando que se les cuidaría y que se les darían las armas necesarias para evitar que se perdieran en el camino. Las palabras se las llevó el viento… A fin de cuentas, nada nuevo en un medio que sigue idolatrando la materia extranjera y menospreciando el talento nacional.
No se puede exigir una posición de titular para Villaluz, ni para ningún otro jugador, pero sí el respeto a un hecho que marcó la historia de nuestro balompié para siempre. Mizrahi tendrá que entregar de los resultados, aunque con todo y la probable consecución del título local, costaría trabajo entender el porqué marginar a su Campeón del Mundo. Nada malo podría pasar; en el peor de los casos –que no lo creo- César podría acabar como uno de los muchos jugadores del montón que han pasado por las filas cementeras.
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