Futbol
Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

Fracaso indiscutible

El derrumbe fue absoluto. Los Pumas no soportaron el desgastante ritmo de competencia y terminaron siendo víctimas de su ambición excesiva. Sin medir los efectos de sus palabras, aseguraron que iban por el tricampeonato, y no sólo eso, sino que también dieron por hecho el kilométrico viaje al Mundial de Clubes. La única e indiscutible realidad es que fracasaron en ambas competencias. En el Clausura 2005, fueron eliminados anticipadamente, quedaron ubicados en las últimas posiciones de la tabla y hasta fueron exhibidos por violar el reglamento. Se entiende que Hugo buscó darles fogueo a los jóvenes, pero ello no justifica el evidente desconocimiento de las reglas. La historia en la Copa de Campeones de la Concacaf tuvo un desenlace similar al escrito en el plano casero. Los felinos no mostraron la mentalidad requerida para imponerse a un rival humilde y con hambre de triunfo. La forma de caer resultó aún más cuestionable que el resultado en sí mismo. Observar a los del Pedregal tratando de ganar con golpes lo que no pudieron conseguir en la cancha deja mal parada a la institución y, de paso, al balompié mexicano en conjunto, que sufrió un nuevo revés en su ya de por sí desgastada etiqueta de “Gigante”.   Las causas de la decadencia universitaria son variadas. Algunas pueden ser atribuidas a la deficiente planeación de calendarios en el futbol mexicano. Si el bicampeonato era una misión prácticamente imposible, triunfar por tercera vez consecutiva y al mismo tiempo brillar en el plano internacional equivalía a un suicidio. Hasta el jugador más profesional requiere de tiempo para descansar.  Otros argumentos válidos pueden hallarse en la falta de fortuna al momento de concretar. La suerte, aunque frecuentemente es desechada por los protagonistas del balompié, desempeña un papel fundamental en el éxito o fracaso de los equipos. Un gol no alcanzado tiene la capacidad de marcar la diferencia entre la alegría y la tristeza. Sin embargo, los principales responsables de la desazón estudiantil son los propios integrantes del plantel. La excesiva confianza del cuerpo técnico auriazul acabó convirtiéndose en terquedad. Tratando de ocultar el preocupante funcionamiento desplegado sobre el rectángulo verde, se afirmaba que era cuestión de tiempo para que los triunfos y las sonrisas reaparecieran. El agradable presagio nunca se cumplió. Por el contrario, el espíritu de los Pumas se hundió hasta tocar fondo. Los universitarios decidieron vivir con el brillo de su pasado reciente y jamás quisieron adaptarse a la insatisfactoria verdad de volver a ser un participante. Ostentaron con orgullo la corona, pero no tuvieron los arrestos para defenderla. 

La eternidad nunca ha sido ni será un escenario posible en el mundo del balompié. La escuadra felina está obligada a reconocer su fracaso sin olvidar sus magníficos logros. Los del Pedregal pueden sentirse tranquilos: alcanzaron lo que ninguna otra institución en torneos cortos y despertaron un sentimiento inusual entre los aficionados. A Hugo y a sus pupilos no se les puede negar la estafeta de ganadores. No obstante, ese reconocimiento del medio futbolístico debe ir acompañado de la sinceridad estudiantil. Así como se postraron con categoría cuando de mostrar el título se trataba, los Pumas tienen que dar marcha atrás y recuperar el deseo de llegar a grandes alturas. La posibilidad de redactar nuevas páginas de oro está en sus manos. Mejor dicho, en sus pies. 

Tags relacionados
Mediotiempo

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MEDIOTIEMPO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.

INICIA LA CONVERSACIÓN