La ambición desmedida trajo consecuencias. Jesús Ramírez decidió mal y está pagando el costo de haberse impresionado por una institución como el América, tan grande como peligrosa y traicionera. El reto del timonel emplumado radica en recuperar la credibilidad del medio futbolístico en lo que resta del Clausura 2009. Su misión no se limita a lograr la clasificación, sino a conseguir que los jugadores luchen por impulsar un estilo de juego alegre, efectivo y que satisfaga las necesidades de la afición.El grado de paciencia adicional que merecería el único estratega mexicano que ha sido Campeón del Mundo quedó pulverizado en cuanto se dio su acceso al cuadro de Coapa. Ramírez se equivocó en tiempo, forma y fondo. Tiró a la basura el proyecto con las Selecciones Menores y muy poco le importó que la Sub-20 tuviera en puerta la Eliminatoria para el Mundial de la categoría. La manera correcta de irse hubiera consistido en pedir a las Águilas un lapso para concluir como debía su gestión y entonces sí, enfocarse a la lucha por rescatar el prestigio de una institución que hoy naufraga lastimosamente. Los dólares y lo espectacular que suena convertirse en técnico del América pudieron más. Los resultados saltan a la vista: nos despedimos de Egipto 2009, las Águilas no mejoran y Jesús se levanta furibundo por la marea de críticas que caen sobre él.México entero se lanzó en contra de Ricardo La Volpe cuando se le ocurrió declarar que el título mundial no garantizaba la evolución de nuestro futbol. Ipso facto, llovieron las descalificaciones para el argentino. Se le acusó de envidioso y prepotente. Sin embargo, el tiempo, así como en otras ocasiones lo terminó desmintiendo, le otorga la razón. México no es más en el plano futbolístico, las Selecciones Menores volvieron a caer en la mediocridad y, de a poco, se destruye la percepción generalizada de catalogar a Jesús Ramírez como el mesías que llegaba a darnos la mano para alcanzar grandes alturas.El futuro es incierto. El actual técnico azulcrema debe ser honesto consigo mismo y reconocer que se equivocó, que no hizo lo correcto. Le corresponde un alto porcentaje de la responsabilidad en el fracaso de la representación juvenil. Además, decidió incorporarse a las filas de un equipo voraz y letal para la credibilidad de los Directores Técnicos. En el sube y baja del balompié, a Jesús le toca superar el declive más notorio de su aún corta trayectoria como timonel.Viajemos en el tiempo, pensemos que será de Chucho en el porvenir. En lo personal, pienso que será ave de paso en el nido de Coapa, que ya vivió su momento de gloria y que seguirá dando de qué hablar, pero sin alcanzar grandes niveles.Opina de esta columna aquí.
Jesús Ramírez, el culpable
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