Futbol
Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

La incómoda etiqueta de ';favoritos';

La mentalidad desempeña un rol incuestionable en el quehacer futbolístico. Un buen manejo de ella sirve para alcanzar los objetivos trazados y para que un conjunto crea en sí mismo. Si uno piensa en ganar y en ser superior al resto, la posibilidad de triunfar estará más cerca, pues se inicia el camino con el nacimiento de una idea repleta de convicción y concluye con el cumplimiento de la misma a través de la explotación de las virtudes propias y las debilidades ajenas. En cambio, si la mentalidad se sostiene con pinzas y se siguen padeciendo males añejos, resulta factible que todo quede en las palabras y no en los hechos.

Las principales potencias del balompié a nivel mundial entienden perfectamente su posición, no se atemorizan ante la responsabilidad de ser consideradas favoritas y creen ciegamente en su capacidad. Brasil se sabe superior a la gran mayoría. Puede jugar bien o regular frente a los rivales, pero casi siempre termina confirmando que es uno de los grandes. Alemania, incluso jugando mal, saca la casta y se afirma como vencedor cuando nadie le otorga crédito alguno. Argentina, por su extraña naturaleza, se siente más triunfadora de lo que es. Claro está que el poder mental no lo es todo, mucho menos en el deporte, pero sí es un extraordinario comienzo para escribir grandes proezas.

México, en cambio, sufre lo indecible para hacer válidos los pronósticos. Tiene como costumbre fallar cuando se le adjudica una superioridad sobre el enemigo en turno. La etiqueta de “favoritos” nos pesa, como si se tratara de una responsabilidad que no deseamos asumir o que simple y sencillamente nos espanta. Quizás los años de fracasos pesan más que los aislados triunfos recientes; probablemente sea cierto que son las nuevas generaciones las que pueden cambiar el panorama, pues quienes hoy visten la verde crecieron en medio de “ya meritos” y dolorosas desilusiones. En fin… hay muchos quizás y muy pocas respuestas.

La incapacidad histórica de los nuestros para imponer su calidad se apreció claramente en Corea-Japón 2002 y Francia 1998. En el primero, el Tri hizo una extraordinaria primera ronda, ante rivales de la talla de Italia y Croacia, sin embargo, y con todo a su favor, sucumbió frente a Estados Unidos. En el segundo, nos acostumbró a remar contracorriente para alcanzar el triunfo o, cuando menos, la igualada. Resulta curioso que en el único partido que comenzó ganando, la representación de Manuel Lapuente acabó derrotada. Parece que no sólo nos perjudica ser considerados a priori como favoritos, sino también adelantarnos en el marcador ante oponentes de prestigio.

En diferentes comentarios, ustedes, los aficionados, han expresado que México jugará mejor frente a Portugal. No tengo dudas de ello. Por diversas razones, seguimos gustando de aparecer como víctimas para intentar dar la sorpresa y demostrar que no somos los débiles. Los apostadores, que seguramente darán preferencia a los lusitanos, podrían llevarse una sorpresa el próximo miércoles.

Algunos aseguran que este fenómeno, el de no asumir el compromiso de ser mejores que el resto, forma parte de las características de la sociedad mexicana, afectada por la conquista española y por diferentes complejos perpetuados en nuestra esencia. Difícilmente se podrá comprobar esta hipótesis. Lo único cierto es que seguimos sin aprender a ser superiores, aunque, paradójicamente, es precisamente esa idea la que nos hace pensar en un mejor mañana dentro de Alemania 2006.

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