Con un futbol pobre, errático y carente de idea, la selección mexicana ha conseguido una victoria importantísima para trabajar con calma y con la obligada disminución de críticas por parte de sus detractores.
Nos debe quedar muy claro que México no merecía los tres puntos, que su nivel de juego es verdaderamente paupérrimo y que fue gracias a un chispazo que cayó el gol de Jared Borgetti, sin embargo, tenemos que agradecer que la anotación cayera en el momento preciso, justo cuando la afición "borrega" comenzaba a corear el nombre de Hugo Sánchez, tal y como se los dictan algunos medios de comunicación, quienes desean todo menos que le vaya bien a Lavolpe.
En lo personal, me pareció realmente triste el comprobar que la sociedad mexicana continúa siendo inmadura y que sigue dejándose influenciar por el poder de un micrófono o por el de una pluma; la manipulación que las diversas fuentes de "información" mantienen sobre la mayor parte del pueblo es impresionante. Este factor no es exclusivo del balompié, se da en ámbitos mucho más trascendentales para el rumbo de nuestra nación, que van desde el aspecto político hasta el económico e ideológico, en los que se carece de criterio propio y se acepta como verdad aquella que por decreto nos quieren imponer. Hoy como ningún otro día, entiendo aquel comentario de Emilio Azcárraga Milmo, en donde mencionaba que él hacia televisión para jodidos e ignorantes y lo peor de todo es que tiene razón, la ignorancia es la que permite que una televisora tome partido por uno u otro técnico, la que admite que nos digan que el "Pichichi" debe ser Dios y que si, basados en un juicio meramente futbolístico, opinamos que aún no está listo para asumir el mando del conjunto nacional es porque no somos leales a este país y porque deseamos que todo México pierda.
La primera prueba de la Copa de Oro 2003 resultó aprobada con éxito en cuanto al resultado e insuficiente en cuanto a funcionamiento. En esta ocasión, el sector defensivo se vio más ordenado y con menos desatenciones que en el partido contra los salvadoreños, aunque las imprecisiones estuvieron a la orden del día. El aparato ofensivo, por su parte, nunca existió, los centros para Borgetti eran meros balonazos, los extremos no encuentran la profundidad adecuada y persiste la ausencia de un hombre que sirva como enlace entre la línea media y la delantera.
Queda mucho por hacer, el tanque de oxígeno conseguido en este partido tiene que ser bien aprovechado para demostrar una mejoría en el partido contra Honduras y para que la tranquilidad pueda convertirse en una costumbre dentro del entorno de la selección nacional.