El termómetro para medir la capacidad de un estratega siempre me ha parecido subjetivo y difícil de interpretar para directivas que se debaten con frecuencia entre apostar por lo vistoso de un estilo de juego o irse por alguien que es garantía de resultados, pero que puede ahuyentar de las tribunas a los aficionados al practicar un futbol mecánico, aburrido y que no da licencia a que la inspiración se encuentre por encima de la disciplina táctica.Al actual técnico de los Rayados del Monterrey se le ha calificado como un hombre de talento probado para impulsar a los jóvenes, como un romántico que todavía privilegia el juego ofensivo sobre la rigidez defensiva que suele fungir como certeza de triunfos en el balompié actual. Sin embargo, sus ventajas competitivas no aparecen, al menos desde el particular punto de vista de quien esto escribe, por encima de su ya conocida dificultad para entregar títulos, tampoco opacan por completo sus constantes problemas personales con sus dirigidos.Sus antecedentes inmediatos son para tomarse en cuenta. Fracasó con rotundidad en el Boca Juniors. Su paso por el Vélez Sársfield se produjo con más pena que gloria y hoy tiene a la Pandilla dividida en el vestidor y con los focos de alarma encendidos. Nos pese o no, no hizo más que anteriores seleccionadores al frente del equipo nacional. Morimos en el cuarto partido y seguimos viendo el acceso a Cuartos de Final como un anhelo y no como una realidad.El domingo pasado, antes de arribar al Estadio de Ciudad Universitaria, platicaba con uno de los reporteros de Medio Tiempo respecto al porqué la afición de los Pumas confiaba en un técnico que sólo ha ganado un título a lo largo de su trayectoria. Él me respondió que eso carecía de importancia, ya que ganar un campeonato en México es "circunstancial". Yo me niego a creerlo. Tanto en el caso del "Bigotón" como en el de Ricardo Ferreti, la ley de probabilidades, en caso de que en verdad las coronas en México estuvieran relacionadas más con lo fortuito que con el talento, indica que después de tantos años, la suerte tendría que haberles sonreído en más de una ocasión.Con la sensatez que los caracteriza a ustedes, lectores de Medio Tiempo, los invito a que me respondan si antes de iniciar una competencia y si tuvieran el poder de decisión, apostarían por el "Tuca" para que un equipo fuera Campeón, meta obligada para una escuadra grande como los Pumas. Caso semejante con Ricardo Antonio, aunque éste es todavía más para analizarse, ya que se sabe que a final de cuentas terminará peleándose con medio mundo y lanzando acusaciones en contra de su directiva y de sus propios jugadores con tal de justificar que su comando no camine de la forma que todos esperan.La posición de Director Técnico en nuestro balompié está dominada por un pequeño grupo que se baja para volver a formarse y gozar de una oportunidad para el torneo siguiente. ¿Cuál tendría que ser el parámetro para dar o no una nueva oportunidad? Si no se van a ganar títulos con un técnico, ¿por qué tener catalogadas a tal o cual personas como representantes importantes de la estrategia futbolera en México? Otro ejemplo: ¿Qué esperan los Tecos al contratar a Miguel Herrera o al reciclar a Julio César Uribe cada que se les ofrece? Estoy seguro que títulos no. Sólo quieren sobrellevar la estancia en Primera División e imponer los caprichos personales de los directivos.Opina de esta columna aquí.