Diálogo multicultural

El futbol es mucho más que solo un juego: sigue desempeñando una importante función social y educativa y se mantiene como un instrumento eficaz de inclusión y diálogo multicultural.

El futbol es mucho más que solo un juego: sigue desempeñando una importante función social y educativa y se mantiene como un  instrumento eficaz de inclusión y diálogo multicultural. También de conversación personal. Como actividad lúdica, el futbol es un terreno inmejorable de aprendizaje y formación. Como actividad sociocultural permite comprender la importancia de las reglas y el valor del trabajo en equipo y la solidaridad, al tiempo de expresar nuestras motivaciones y modelar nuestras conductas. Para los estudiosos de la vida del hombre y sus decantaciones, el futbol es, ante todo, una actividad libre. El niño juega al futbol porque encuentra mucho gusto en ello. Y es en ese gusto donde reside su libertad. Al jugar futbol, el hombre se siente libre y experimenta una sensación de bienestar incomparable. Me enamoré del futbol el día que experimenté esa libertad. Fue en Cuernavaca, durante una partida de gol para con mi padre y con el novio de una de mis primas. Todavía retiene mi memoria esa sensación, ese impulso de libertad. Tendría cinco o seis años y, sin saberlo, durante el juego descubrí que jugar al futbol me sintonizaba con una alegría muy especial. Me sentí libre y esa semilla anidó con tal fuerza en mi espíritu, que después de muchas vicisitudes, encuentros y desencuentros, sigo enamorado del futbol. Después de ese episodio libertario, vinieron las identidades y los referentes. Los Mundiales, sobre todo los Mundiales. La Copa del Mundo de España 82 consolidó mi amor por el juego. Descubrí su fuerza, su arraigo. Y también sus contrastes, sus debilidades: el rostro inflamado de Marco Tardelli al marcar el segundo tanto de Italia en la final contra Alemania, la flagrante agresión de Harald Schumacher a Patrick Battiston en la semifinal entre Alemania y Francia. El Tango, el Naranjito, Hungría y sus goleadas. Recuerdo que se me grabaron las palabras de Tardelli cuando lo entrevistaron no sé si al término del partido o en alguna entrevista posterior. El italiano le dijo al mundo que con el gol había experimentado una especie de regresión a su infancia. Fue, señaló el goleador, como si los momentos y los recuerdos más importantes de mi vida se presentaran de pronto ante mí, en una pasarela, en un desfile. Al escucharlo, contuve el aliento. Hoy sé por qué lo hice. Lo que Tardelli me hizo sentir lo descubrí mucho tiempo después. Y es que la conversación entre vida y juego se vuelve permanente. El futbol es un diálogo multicultural que permite encuentros. Conversaciones íntimas y emotivas. Ver a dos futbolistas extraños, distintos, uno negro, otro blanco, fundirse en un abrazo. Observar a un equipo formado por hombres con nacionalidades dispares que en el campo se entienden hermanos. Descubrir el vínculo que se crea entre los hombres olvidados del mundo y su sagrado espectáculo. Al final, el diálogo multicultural se vuelve una conversación personal. Despiertas en un campo para entender tu pasado y renovar tu presente. Se trata de conversaciones que explotan cuando sintonizan con la infancia. Se trata de un diálogo eterno con la libertad.   Diego Gaspar Escritor @diegogasparv

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