¿Hay racismo en un campo de futbol?

Aplaudo que la Federación Inglesa haya iniciado una campaña en contra del racismo y esté preocupada por el tema que lamentablemente no ha sido superado del todo.

Aplaudo que la Federación Inglesa haya iniciado una campaña en contra del racismo y esté preocupada por el tema que lamentablemente no ha sido superado del todo y parece recobrar fuerza en algunos países europeos. Lo que no comparto en absoluto es el tremendo castigo impuesto a Luis Suárez, suspendido ocho partidos y multado con más de 60 mil dólares por lo que consideraron insultos racistas, luego de una investigación realizada tras la denuncia de Patrick Evra, del Manchester United. Se quiere utilizar al charrúa como un ejemplo, y sin embargo, la medida parece también contaminada justamente de lo que se pretende combatir, pues tiene un tufo ciertamente discriminatorio, el cual deberán “limpiar” aplicando un castigo similar al inglés John Terry, sobre quien pesa una acusación similar y a todos los jugadores que cometan esos exabruptos verbales, que a mi juicio, no son actos necesariamente racistas ni merecerían ser tratados así. El dialogo que trascendió en la prensa inglesa entre ambos jugadores deja muchas dudas. Aparentemente tras discutir, el uruguayo le habría tocado la cabeza a manera de disculpa, a lo que el francés respondió diciéndole “No me toques, sudamericano”. Suárez reaccionó con un “porqué no? negro”. Ese intercambio verbal entre los dos futbolistas, en apego al sentido común merecería un castigo para ambos, ya que Evra también utilizó con tono despectivo el término “sudamericano”, casi como el famoso “sudaca” con el  que insultan a infinidad de jugadores latinos en Europa. Más allá de la veracidad de ese diálogo o de que Suárez haya empleado en más ocasiones la palabra “negro”, soy un convencido que ese tipo de situaciones son casi naturales en un deporte de contacto, y no el reflejo de conductas más graves o profundas. En un campo de juego, ya sea en el llano o en el profesionalismo, hay duelos verbales constantemente, insultos y ganas de alterarle los nervios al otro con alguna palabra subida de tono, o alguna burla que muchas veces es de mal gusto, todo ello producto de la calentura del momento. Quien ha jugado lo sabe, y también entiende que en la mayoría de los casos, luego de haberse dicho de todo, termina el partido y aquello se olvida. Me tocó ver a hermanos que se mentaban la madre mutuamente a mitad de un intenso partido y fui insultado varias veces en el campo, incluso por buenos amigos que al calor del juego se volvían rivales detestables, y todo volvía a la normalidad tras el silbatazo final.   Por eso, sacar de contexto esas expresiones me parece un atropello a la intimidad del juego y es un grave error que se comete muy a menudo. Entiendo que al ser un deporte público y que se transmite mundialmente hay que ser mucho más cuidadosos y responsables. Algunas expresiones y comportamientos en el verde césped deben ser vigilados pues efectivamente no son pocas las veces que la violencia y las bravuconerías se trasladan del campo a la tribuna y degeneran en hechos que sí resultan lamentables. Pero hay que tener también mucho cuidado en no extrapolar el tema. Decir que Suárez es racista por usar esa expresión, es una exageración total, y manejarse con ese rigor oportunista hará que pronto los partidos se tengan que jugar y ver en silencio absoluto.   Sí se juzga con criterios diferentes lo que pasa en un campo de juego, pronto alguno se sentirá con derecho de llevar a juicio a otro jugador por haberle dado una patada, un árbitro también se animará a demandar a cada aficionado que decida llamarle “ratero”, o un portero homosexual podrá exigir la intervención de la Conapred contra “quien resulte responsable”, cada vez que masivamente le griten “utooo” en un despeje. Cuesta creer que en este multirracial futbol en el que vivimos haya futbolistas que sean verdaderamente racistas, pues la convivencia es afortunadamente inevitable, aunque no discuto que sobre todo entre seguidores ignorantes, o porras radicales, sí sea un cáncer a curar. El tema ya excedió lo futbolístico alguna vez. Recuerdo que en el 2005 hubo un caso parecido dentro de la Copa Libertadores, con el argentino Leandro Desabato, que estuvo incluso detenido dos noches en una cárcel de Sao Paulo por haberle dicho “macaco” a Grafite en el transcurso de un partido. Otro abuso de poder que parece encontrar en el futbol la notoriedad necesaria para ofrecer ejemplos aleccionadores que no se olviden fácilmente, aunque no resuelvan el problema de fondo.  ¿No les parece?

Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.

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