Los que nunca tiran la toalla

Han sido dos tragos amargos que en tan sólo una semana estremecieron al deporte mexicano y que demuestran la raza luchadora que nos caracteriza.

Han sido dos tragos amargos que en tan sólo una semana estremecieron al deporte mexicano y que demuestran la raza luchadora que nos caracteriza (aunque muchas veces de poco sirva ante la decisión tomada por el destino).

Ya se ha hablado y escrito sobre el “Tano”, Antonio de Nigris -aunque quizá corto se quede en un reconocimiento total al estilo emprendedor y entusiasta de este joven futbolista que ha dejado una tremenda melancolía entre nuestra afición-. Justo o injusto, muchos podrán opinar sobre lo que vivió este entregado jugador que se caracterizaba casi siempre por anotar gol cuando de un debut importante se trataba. Que buena suerte tiene De Nigris, quizá más de uno pensó alguna vez. Descanse en paz Toño y -en la medida de lo posible- ojalá llegue una pronta recuperación para su familia.

Del otro lado de la frontera, a un boxeador méxico-americano la vida le presentó un similar desenlace (exactamente una semana después del triste final del Tano, también en domingo por la noche). 

Francisco Rodríguez, un boxeador que disputaba el título gallo estadounidense, murió después de 48 horas de perder su última pelea. Un nocaut en el décimo asalto, en Filadelfia, le impidió seguir soñando, seguir luchando y seguir viviendo.

El “Niño Azteca” como le apodaban a este guerrero fajador de los cuadrilateros, que nació en Chicago aunque siempre representó a Guadalajara (la ciudad en la que sus padres y hermanos nacieron), dejó también a una joven esposa y a una niña de apenas 5 meses de edad, llorando por tan adelantada partida. 

Veinticinco años de edad y este pugilista representante del orgullo jaliciense cometió la osadía de seguir sus impulsos, de mantenerse en plena lucha por el honor en el boxeo. El “Niño Rodríguez” no se rajaba y eso quizá provocó que nunca pensara en bajarse del ring. Pero la tremenda batalla y el incesante cambio de golpes en 10 episodios con su oponente Teon Kennedy fueron demasiado, el derrame cerebral lo había aniquilado (aunque en espíritu, Paco siga peleando).

Dos guerreros que nunca se dieron por vencidos. Dos hombres decididos, que poco pensaban en las consecuencias al buscar conseguir un objetivo, y a los que de corazón espero, su máximo trofeo les haya sido ya entregado.

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