Quiubo mano

La mano de Thierry Henry pasó impune, aunque probablemente el mundo la recuerde y recrimine aún con mayor claridad que cualquiera de las espectaculares jugadas en la carrera de este delantero francés.

La mano de Thierry Henry pasó impune, aunque probablemente el mundo la recuerde y recrimine aún con mayor claridad que cualquiera de las espectaculares jugadas o trascendentales goles en la carrera de este delantero francés. Si existía una manera de limpiar los malos pensamientos o terminar con las suspicacias, esa era repitiendo el partido (cosa que no sucedió y que hubiera sentado un complicado precedente). El árbitro manda. Es el que marca y dirige la justicia de un encuentro sobre la cancha. En todo caso, el castigo lo merecería él (o la cuarteta sueca encabezada por Martín Hansson). ¿Alguien de ustedes tiene en la mente el nombre del silbante que no marcó la mano de Maradona en ese juego de Cuartos de Final  del Mundial del 86 entre Argentina e Inglaterra, cuando Diego se adelantó flagrante y alevosamente a Shilton para marcar el gol con la mano? Era Alí Bennaceur de Túnez, aunque nadie habla de él. En aquella derrota inglesa, el técnico Bobby Robson fue tajante y elegante: “Sí, el primero fue con la mano, pero el segundo valió por dos” (haciendo referencia al gol que también logró el “10” dejando en el camino a medio equipo inglés desde el medio terreno). Así es el futbol. Claro, hace 24 años era diferente, la tecnología no ayudaba como ahora, y las repeticiones de tercera dimensión eran inimaginables. Es más, ¿alguien de ustedes sabe quién captó mejor esa mano de Diego? ¿Aún mejor que las cámaras de televisión? Se llamaba Alejandro Ojeda Carvajal, era dueño de una estética canina aunque colaboraba como fotógrafo voluntario con el Heraldo de México ya que la fotografía deportiva era su pasión, y esa placa, de frente a la acción, con el encuadre exacto del momento preciso en que la mano izquierda de Diego Armando Maradona le ganaba al puño derecho del arquero Peter Shilton le valió ofertas de diferentes diarios europeos, y él sólo la publicó en México. ¿O alguien de ustedes tiene fresco en la memoria el nombre del hombre que dirigió la Final de Inglaterra 66 cuando los locales se coronaron monarcas del obre ante Alemania con un terrible y localista trabajo arbitral? El nazareno fue el suizo Gottfried Dienst, quien dio por gol un balón que nunca entró (para romper el empate que existía 2-2 y después con público bajando de las gradas, les valió el definitivo 4-2 que sepultó las aspiraciones alemanas. Bueno, para no ir tan lejos en la historia, nadie le puede quitar de la mente a los argentinos que Edgardo Codesal los “acuchilló” en la Final del Mundial del 90, cuando marcó ese dudoso penal tras la entrada de Pedro Monzón sobre Jürgen Kilnsmann, que a la postre (y tras el buen cobro de Brehme batiendo a Goyco) se convirtió en el único gol de ese partido y que les valió el título a los teutones. Años después, el mismo cobrador (Andreas Brehme) declaró que esa marcación fue equivocada, que nunca hubo falta sobre Klinsmann, aunque la verdad nadie atacó a los “disciplinados” futbolistas alemanes ni se oyeron las criticas por un supuesto antifutbol demostrado en ese momento crucial. Yo sigo pensando que en la jugada de Henry en tiempo extra por el pase al Mundial entre Francia e Irlanda, hay dos manos muy rápidas, una completamente involuntaria y la segunda producto del reflejo por alcanzar un balón desesperado y concentrado en servir a su compañero. No la pensó. Exigirle a este atacante detenerse al momento de cometer esa infracción es inverosímil, y pensar en que Gallas no hubiera rematado a gol ese balón precedido por una “mano tan clara”, es aún menos entendible. Al fin, el beneficio que la regla le concede al silbante para enjuiciar si la mano es intencional o no, siempre dejará polémica. Además creo que ninguno de los árbitros la vio. De esta forma, tendríamos que entender también que la discusión debería centrarse en poner más y mejores ojos (quizá ese experimento de añadir a dos árbitros, uno detrás de cada portería ayudaría mucho, aunque tampoco creo que borren por completo la polémica natural de las decisiones humanas en un deporte tan pasional como el futbol). Esto lo deberían analizar también nuestros flamantes dirigentes en México, y eliminar de una vez por todas la grosera y ridícula toma de decisiones a posteriori, a toro pasado, con el video del juego en lunes por la noche, y que la Comisión Disciplinaria deje de hacer bolas a los futbolistas, aficionados y a los mismos árbitros. La madurez tiene que ver con la correcta ejecución en el momento indicado. Thierry Henry nunca será sancionado por esa mano, aunque muy probablemente el recuerdo lo acompañará por siempre, demeritando (no sé si justa o injustamente) su bien ganado prestigio como delantero.

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