El Capitán puede salvar el barco

Elegir la mejor opción nunca asegura el éxito, ni el mejor doctor cura necesariamente a un enfermo de gravedad.

Elegir la mejor opción nunca asegura el éxito, ni el mejor doctor cura necesariamente a un enfermo de gravedad. Aunque el verso este gastado, debemos entender que en el América no ha existido un hombre más emblemático que Carlos Reinoso. El “Maestro” (como él mismo pide que se le llame) ha sido el mejor y más peculiar de los jugadores que han vestido esa camiseta, sólo que su “americanismo” está basado en percepciones más que en conceptos. Reinoso basó su amor al equipo azulcrema por la herencia de personajes históricos que hoy ya no nos acompañan (don José Antonio Roca y “Panchito” Hernández, principalmente) y lo interpretó a su forma: En la cancha y fuera de ella Reinoso expresó su propio americanismo que mostraba al jugador de campo más talentoso que ha llegado a México y con la personalidad perfecta para desarrollar una marca registrada que tantos frutos dio. Yo, respeto enteramente a Carlos Reinoso no solo por lo que representa en nuestro balompié como la estrella única que siempre ha sido, sino por su autenticidad y fidelidad a lo que piensa y siente (ojala otro futbolista se enamorara algún día tanto de su equipo como él). Dentro de esa escuela surgieron otros personajes que interpretaron de manera diferente esa filosofía basada esencialmente en el éxito, en obtener campeonatos: Alfredo Tena y Cristobal Ortega, lideraron esa clasificación de jugadores que han vivido para el América (“Monito” Rodríguez, Zague, Carlos de los Cobos, Vinicio Bravo, Cuauhtémoc Blanco, entre otros). De todos ellos, el “Capitán” Furia ha sido un estandarte que refleja de manera diferente su amor al Club. Fuerte, equilibrado y “entrón” siempre se caracterizó en el terreno de juego por ser el líder mudo. Según me platican algunas figuras legendarias que jugaron con él, Alfredo no necesitó pegar de gritos para que sus compañeros lo siguieran y respetaran, bastaba con una mirada o una palmada en la espalda para dejar en claro su postura (y peor aún al festejar los goles ya que su fortaleza física desmedida transformaba en “dolor” el gran momento de gozo). Por paradójico que suene, Alfredo Tena es un tipo de bajo perfil, algo extraño para un hombre de tanto carácter, ya que siempre prefirió alejarse de los reflectores con tal de vivir tranquilo el triunfo grupal. En los últimos años se ha enfocado a encaminar al nuevo talento del Club de Coapa y la vida le presenta una nueva oportunidad para seguir aportando a la Institución que lleva en el corazón y en la mente. Como director técnico ha sido ya exitoso. Fue el primer Campeón en la historia de los torneos cortos y lo repitió hace justamente diez años. Consiguió coronar una buena generación dándole el primer título al Santos y logró en Pachuca que la gente y los jugadores no extrañaran al personaje que los había puesto en el mapa –Javier Aguirre- cuando este se fue al Tricolor. Tena si ha podido plasmar un estilo de juego como entrenador y con los frutos dignos de reconocimiento. En mi anterior colaboración de la semana pasada, destaqué el trabajo de las Chivas y la cosecha que ha ido levantando. Hacer escuela no significa otra cosa que trabajar muy fuerte siguiendo un modelo, creyendo en los colores, enseñando a los jóvenes, arriesgando y “rajandose” en el terreno de juego, pero sobre todo, fuera de él, que es donde los futbolistas pueden perder el partido. Alfredo Tena es un modelo a seguir en el América. Ha sido un ejemplo como deportista (quizá con mejor forma física hoy que ya supera los 50 años de edad que uno que otro de los actuales futbolistas en activo) y lo más importante es que su idea ha sido trabajar en equipo para que alguien más se haga famoso.

El barco lo han empezado a hundir otros, pero sin duda que este Capitán cuenta con las herramientas para empezar a enderezar la nave. Ojala que lo dejen trabajar.

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