El poder corrompe

Hace tiempo que el futbol dejó de ser solo un juego y un deporte.

Hace tiempo que el futbol dejó de ser solo un juego y un deporte. Su industria es una de las más fuertes en el mundo: Produce, vende, cobra y controla. Todo lo que rodea a un partido de futbol es lo que lo convierte en poderoso. Las declaraciones de Mario Carrillo en un programa de televisión señalando a un personaje como el controlador externo del equipo más influyente del balompié mexicano son reveladoras y sorprendentes ya que se refieren a la misma persona que, según él mismo destaca, condujo su carrera durante años y lo hizo aparecer en el mapa como director técnico. Sujetos que buscan abarcar y monopolizar siempre existirán en cualquier actividad, por eso la lucha contra la corrupción deberá ser permanente (no se termina en un día). Siempre he creído que todos en algún nivel participamos conciente o inconcientemente en estas practicas malsanas: Si alguien vende es porque alguien compra, alguien más distribuye y otros solo observan, pero pueden ser potenciales participantes de la siguiente práctica. Una de las preguntas que he escuchado en esta semana es: ¿Por qué habla hasta ahora, exactamente en una de las peores crisis que sufre el América y no lo dijo antes? Tema aparte y a título muy personal yo tengo mis “asegunes” con la explosiva aparición de personajes en activo del deporte que hoy emiten comentarios en los medios de comunicación (ojo, que no es nada personal en contra de Mario Carrillo quien por cierto me parece una muy buena aportación al explicar tácticamente dentro de los espacios futboleros). Creo que para cualquier actividad se necesita fidelidad, estar casado con ella por siempre y en estos casos vemos que algunos personajes (que bien resultan interesantes porque viven en carne propia el rol futbolero) un día dirigen, al día siguiente comentan y al tercero buscan volver a trabajar en la cancha. Yo creo que para ser parte del futbol se requieren necesariamente talento, preparación, oficio y respeto, mismas condiciones que se exigen para ejercer con la mayor pulcritud el periodismo o mantener intacta la responsabilidad de informar o expresarse frente a una audiencia. Pero volviendo al tema de los promotores, agentes o representantes que controlan nuestro “desvalido” deporte, creo que esto refleja una vez más las consecuencias por intentar a toda costa provocar un consumismo rampante en el futbol. -Y hablamos de futbol porque es lo que más deja, sino hablaríamos de cualquier otro deporte, espectáculo o actividad que arroje derrama económica y poder-. Ojalá que desaparezcan esos controladores que acaparan, pero el verdadero problema no terminará con la extinción de nombres sino de vicios. Yo creo que hasta que no mostremos valores que nos liberen nuestro futbol -que siempre significará un gran negocio- seguirá siendo un instrumento de poder que difícilmente se mantendrá inmaculado.

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