Año nuevo, carrera vieja

El futbol se basa en el juego colectivo, la comunión que pueda existir en un equipo. Todos trabajando como piezas en busca de un objetivo de conjunto.

El futbol se basa en el juego colectivo, la comunión que pueda existir en un equipo. Todos trabajando como piezas en busca de un objetivo de conjunto.

En este inicio del 2012, el futbol mexicano debe asimilar que ya se ha demostrado a sí mismo contar con las piezas y el estilo de calidad para poder competir (que no significa necesariamente ganar) aunque deberá solventar algunos vicios añejos de conducta que suelen ser obstáculo para alcanzar la evolución.

En nuestro futbol, solemos confundir lo impetuoso con lo pretencioso. De las ganas por hacer, nos pasamos a las poses cómodas y altaneras por lo que quisiéramos ser.

A veces creo que sigue faltando ubicación y humildad para trabajar (que no son sinónimo de mediocridad) y así poder alcanzar un verdadero desarrollo, una mejora.

Hace unos días me llamó la atención un pensamiento que escuché y que motivaba a algunos monarcas europeos a levantar las majestuosas edificaciones de entre los siglos XII al XVII: “Al iniciar una obra de construcción, no pensaban ni les preocupaba cuando la terminarían”. Así la realizaban con toda la dedicación para no dejar escapar detalles. Muchas veces las iniciaba un rey y las terminaba otro u otros 50, 100 ó 200 años después. Lo importante era hacerlas como ellos la querían y hasta la fecha significan un reflejo intacto de la cultura perfeccionista de estos países que siguen impresionando al mundo.

Hablando de nuestro futbol, yo no estoy seguro en que todos los casos se trabaje con la dedicación y cuidado para hacer las cosas bien, y me parece que la prisa provoca la desesperación que derrumba nuestras propias construcciones (de carreras individuales o proyectos colectivos).

Hoy, el único entrenador que ha sido capaz para trabajar con calma y dedicación en el Viejo Continente ha quedado sin trabajo y algunos piensan ya en el final de su obra (me queda claro que al “Vasco” le queda mucha tela que cortar). Hoy, jugadores que siguen sin demostrar afuera buscan cada seis meses cambiar de equipo echándole la culpa a todos antes de convencer en el lugar que ocupan (Giovani, Vela, Nery) y otros con menos bagaje ya le siguen los pasos (Efraín, Barrera). Hoy cuando por fin un guardameta azteca consiguió que le abrieran la puerta de Europa, algunos esperan que regrese pronto porque eligió mal a su equipo debiendo -según ellos- haber fichado para uno con mayor ambición (yo estoy seguro de que la experiencia profesional y personal que está viviendo Guillermo Ochoa defendiendo el arco del último lugar de la Liga francesa le podrá dar frutos para toda su vida y no sólo para una anécdota futbolera). No todos son el “Chicharito” Hernández, quien gracias a la gran calidad y a la buena suerte ocupó el lugar soñado en el momento perfecto (ahora habrá que soportar el segundo año que resulta turbulento y complicado).

Una carrera es eso, el recorrido hacia una meta, hacia un objetivo y el que pueda mantenerse firme y fortalecido al final, será el que consiga completarla, y quizá también ganarla.

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