Guadalajara en un llano

Históricamente ha sido una región consentida en el futbol mexicano. Oro, Jalisco, Atlas, U. de G., Tecos y por supuesto Chivas, han escrito páginas doradas de nuestro balompié.

Históricamente ha sido una región consentida en el futbol mexicano. Oro, Jalisco, Atlas, U. de G., Tecos y por supuesto Chivas, han escrito páginas doradas de nuestro balompié. Hoy los tres equipos de Primera División están de capa caída. Las Chivas sufren el peor arranque de campeonato aunque eso no es lo que más me preocupa (hace apenas unos meses eran dignos de alabanza) yo creo que sólo es un bache del que saldrán pronto, en cambio lo que me entristece es ver cómo siguen masacrando a los entrenadores, particularmente me apena ver salir a una figura legendaria como Fernando Quirarte entre “gritos y sombrerazos”. Lo verdaderamente preocupante lo viven los otros dos clubes del estado. Y a decir verdad (o a título personal) me afecta más lo que le suceda al de Colomos. Estudiantes y Zorros disputan por no descender. Los primeros, han demostrado (involuntariamente) buscarlo a toda costa para conseguirlo: es el equipo que más cambia a sus Directores Técnicos y últimamente su dirigencia está hecha pelotas, mientras que los jugadores en la cancha tratan de superar toda esa vicisitud. Honestamente y sin querer herir susceptibilidades, los Estudiantes (o Tecos) me parecen el equipo con menor arraigo en el futbol mexicano, quizá por la misma diversidad y gran oferta que históricamente ha tenido el área con los equipos y las tradicionales aficiones antes señaladas. La verdad, si descienden los Tecos (perdón Estudiantes) no creo que se les extrañe. ¿Pero qué hay de los otros, los Rojinegros, los Zorros, los de la Academia, los del Paradero? ¿Qué sucedería si el Atlas se va a Segunda (perdón, al circuito de ascenso)? Ahí sí creo que habría un retroceso, un perjuicio claro en nuestro balompié nacional. Yo respeto mucho a la institución universitaria de los Pumas porque crecí viéndola como la cantera de nuestro futbol, pero sin duda el trabajo que ha realizado el Atlas en los últimos 20 años ha sido mucho mejor y más constante. El equipo rojinegro no ha ganado un sólo campeonato en las últimas 6 décadas sin embargo, su afición continúa fiel, nutrida y creciente. El Atlas es un equipo grande de nuestra baraja. En diferentes etapas, ha sido la inspiración del bien hacer, del bien jugar, el “jogo bonito” a la mexicana y la producción de jugadores jóvenes, pero sobre todo, la oportunidad de hacerlos debutar y consolidarlos para que se hagan estrellas. Porteros que a la fecha siguen siendo nuestro estandarte: Oswaldo Sánchez, José de Jesús Corona (hasta Armando Navarrete e incluso, se dieron el lujo de perder en el camino a un baluarte como Erubey Cabuto) y jugadores de campo de todos estilos, tamaños y cualidades. Rafael Márquez y Pável Pardo fueron los mejores en su posición durante más de diez años adentro y afuera, en el Tri y en sus clubes -además de haber triunfado como pocos en el escaparate europeo-. Jared Borgetti es el máximo goleador en la Selección Nacional. Juan Pablo Rodríguez, Miguel Ángel Zepeda y Daniel Osorno fueron sello de calidad a finales de los años noventa. Bueno, hasta en la época de crisis y vacas flacas surgieron figuras que hoy son reconocidas como joyas de nuestro campeonato, como Balones de Oro: Hugo Ayala y Jorge Torres Nilo, más las decenas de promesas que aún siguen pendientes como Edgar Pacheco o los que vienen detrás como Antonio Briseño. El Atlas ha hecho lo que ningún otro equipo -incluso mejor que los Pumas porque su cosecha ha sido más prolífera-. Ha producido jóvenes, los ha apapachado y guiado y los ha puesto a jugar, en el laboratorio perfecto de la Primera División nacional. Me niego a pensar que los Zorros desciendan porque ahí cavaríamos la tumba de nuestra sangre joven, el acabose de nuestra nueva generación. El nuevo futbol mexicano quedaría aislado, hueco y solitario como un verdadero llano.

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