Futbol
Caleb Ordoñez Talavera
Columna de Caleb Ordoñez Caleb Ordoñez Talavera

Infantino, ¿corrupción o pragmatismo?

Infantino: entre la corrupción y el pragmatismo | Foto: Reuters y Gemini
Infantino: entre la corrupción y el pragmatismo | Foto: Reuters y Gemini
Ciudad de México

El futbol nació con una idea hermosa por su simpleza: dos equipos, un balón, las mismas reglas para todos. Por eso resulta tan inquietante que, fuera de la cancha, el deporte más popular del planeta se parezca cada vez menos a lo que representa dentro de ella.

Gianni Infantino llegó a la presidencia de la FIFA en 2016 prometiendo reconstruir una institución arrasada por los escándalos de la era Blatter. Diez años después, la pregunta ya no es si la transformó, sino en qué la convirtió

Bajo su mando, el futbol mundial creció, se hizo más rentable y más poderoso, pero también se acercó peligrosamente a gobiernos, grandes capitales y grupos de interés que poco tienen que ver con un balón rodando¿Es esto corrupción o simplemente una lectura brillante de cómo funciona el poder hoy? La frontera entre ambas cosas se ha vuelto incómodamente delgada.

Infantino entendió el futbol moderno mejor que nadie. Donde el aficionado ve selecciones, camisetas y estadios llenos, la FIFA ve mercados, derechos comerciales y miles de millones de dólares esperando ser administrados. Nada de eso es malo por sí mismo. El problema empieza cuando gestionar el negocio deja de servir al futbol y el futbol empieza a servir al negocio.

La Conmebol mostró preocupación por la iniciativas comerciales de FIFA. FOTO: Reuters / Conmebol.com
La Conmebol mostró preocupación por la iniciativas comerciales de FIFA. FOTO: Reuters / Conmebol.com

La rebelión contra el rey

El proyecto FIFA Forward Enterprise encendió la mecha. La idea de abrir la puerta al capital privado para participar en parte de los derechos comerciales vinculados a los Mundiales provocó un levantamiento encabezado por UEFA, Concacaf y la Confederación Asiática. El plan se retiró, pero dejó al descubierto algo mucho más peligroso para Infantino: sus rivales habían aprendido que podían enfrentarlo juntos.

La rebelión no tardó en dejar de hablar solo de dinero. Volvieron las críticas por la concentración de poder alrededor del presidente, por su extraña cercanía con Donald Trump, los gobiernos árabes absolutistas y por la mezcla cada vez más difícil de distinguir entre futbol, política y negocios. En paralelo, empezó a sonar el nombre del canadiense Victor Montagliani, presidente de Concacaf, como una alternativa real de cara a la elección por la FIFA en 2027.

 Infantino, que durante años pareció intocable, descubrió después del Mundial una verdad incómoda: ganar mucho dinero no es lo mismo que conservar a todos los aliados, que se parecía bastante a lo que prometió destruir.

Y entonces apareció México.

Mientras Concacaf lo confronta directamente y sin temor, la Federación Mexicana decidió respaldarlo al mero estilo del priismo que tanto ha defendido Mikel Arriola.

Políticamente se podría entender: México acaba de ser anfitrión mundialista, cultiva una relación estratégica con la FIFA y protege enormes intereses deportivos y comerciales de cientos de millones de dólares. Circuló incluso la versión de que Infantino podría impulsar la vieja aspiración mexicana de acercarse competitivamente a Conmebol.

Ahí queda la pregunta que incomoda: ¿México defendió una convicción o blindó una conveniencia? Porque si el respaldo mexicano respondió a la expectativa de obtener beneficios futuros, estaríamos frente al mismo pragmatismo que hoy se cuestiona en Infantino: tú proteges mis intereses y yo protejo los tuyos sin importar el deporte.

Donald Trump volvió a mostrar su apoyo a Infantino (Fotografía: Imago 7)
Donald Trump volvió a mostrar su apoyo a Infantino (Fotografía: Imago 7)

Cuando el futbol se vuelve botín

No hace falta probar un intercambio secreto para ver el problema. El futbol internacional funciona cada vez más como una negociación política a gran escala: federaciones que negocian y entregan votos, países que persiguen sedes mundialistas, gobiernos que ofrecen infraestructura, empresas que compran derechos y dirigentes que tejen alianzas. Todos dicen hablar del balón, sin embargo la conversación real ocurre alrededor del dinero.

Ese es el verdadero fracaso del sistema FIFA: ya no se trata solo de Infantino. Si mañana cae y Montagliani ocupa su silla, pero la estructura que permite acumular tanto poder sigue intacta, no habremos cambiado nada de fondo. Solo habremos cambiado de administrador del mismo botín.

El futbol necesita límites de mandato reales, votaciones transparentes, auditorías genuinamente independientes, publicación de los contratos relevantes y organismos intachables capaces de vigilar los conflictos de interés sin depender de quienes deberían ser investigados. 

Las federaciones nacionales también le deben una explicación a su afición: México, por ejemplo, tendría que poder decir con toda claridad qué principio futbolístico, no comercial, no diplomático, que justifica su respaldo a un decaído Infantino.

Porque sí, el futbol es negocio y espectáculo, y está bien que lo sea: genera riqueza, empleo, turismo y una industria entera. El problema aparece cuando olvidamos que también es otra cosa, algo que ningún balance financiero puede medir.

En un mundo fracturado por guerras, ideologías y resentimientos, quedan pocas experiencias capaces de reunir a millones de desconocidos para celebrar lo mismo durante noventa minutos. El futbol todavía lo consigue. Es, quizá, el último idioma verdaderamente universal que nos queda.

Por eso esta discusión importa mucho más que el futuro de un solo dirigente. No estamos decidiendo el destino de Infantino: estamos decidiendo qué queremos que sea el futbol durante las próximas décadas.

Tal vez Infantino sea, simplemente, un pragmático extraordinario, un mercenario o un ambicioso desmedido. Tal vez algún día sepamos que ciertas líneas sí se cruzaron. Pero la pregunta que debería quitarnos el sueño es otra: ¿en qué momento dejamos que el futbol se pareciera tanto a la política que alguna vez prometió mantener fuera de la cancha?

Mediotiempo

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