Era cuestión de tiempo para que sucediera. Hasta los más positivos presentían que la racha triunfal con que Cruz Azul inició la competencia iba a quedar pulverizada en cualquier momento. El pasado amenazaba con una crisis de resultados en La Noria y acabó cumpliéndola, aunque no gracias a él, sino a la sangre tibia con que jugadores, cuerpo técnico y directiva han asumido el compromiso que tienen con sus aficionados, quienes exigen el sabor de un título cada vez más ajeno a la actualidad del cuadro cementero.
Suena repetitivo hablar sobre la repartición de culpas, pero es a lo que nos obliga una institución que parece acostumbrada a vivir del ayer y a ser grande por su historia mas no por el presente. Mientras la directiva asegura que está tomando medidas para corregir el camino, los jugadores se defienden y exigen que no les toquen su salario, e Isaac Mizrahi se mantiene en una pose de presunción que no resulta adecuada para un técnico que ha fallado a la hora de la verdad.
¿Qué hace falta para triunfar cuando en apariencia se tiene todo? Es la eterna pregunta de quienes comandan la administración de los llamados equipos “grandes”. América pasó por algo similar, aunque rara ocasión cayó de una forma tan severa como la de la Máquina. Salió de esa sequía de títulos con un conjunto equilibrado y que siempre privilegió el trabajo colectivo sobre el individual. Justo en los tiempos en que las Águilas se olvidaron de la dependencia hacia Cuauhtémoc Blanco, se llevaron la corona. Quizás eso falta en Cruz Azul, y digo quizás porque se han dado muchas posibles respuestas y ninguna ha servido para corregir el problema. Los de la Noria no pueden ni deben seguir fincando sus esperanzas en César Delgado, quien, para colmo de males, está soñando con Europa y olvidándose de la entidad que le abrió las puertas para convertirse en un protagonista del futbol mexicano Si por el “Chelito” fuera, ya ni las piernas metería al campo para asegurarse de que estará bien al término del torneo y así poder emigrar al balompié europeo.
Los hombres de pantalón largo de la escuadra azul tendrían que darse cuenta que su manera de proceder empieza a ser obsoleta. No es que la caballerosidad o las buenas formas resulten inadecuadas, sino que los futbolistas exigen un trato diferente, acorde a los parámetros que ellos mismos imponen. Cuando la directiva entienda eso, es muy probable que la Máquina retome el sendero de las victorias.