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Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

El error Sven

El sencillo camino de adjudicar a Sven-Göran Eriksson el máximo grado de responsabilidad en la crisis de resultados que puso en aprietos a la Selección Mexicana resultó demasiado tentador para Rafael Márquez. Nada más cómodo que declarar en contra de quien ya no está para explicar cómo fue que el cuadro tricolor transformó en complicado lo que en un principio no entrañaba mayor grado de dificultad. El jugador del Barcelona decidió ver el pecado ajeno y olvidar el propio. La sucesión de acontecimientos demuestra que haber contratado a un técnico extranjero, totalmente ajeno a las costumbres del futbolista mexicano, no fue ni por mucho la mejor alternativa. Jorge Vergara, como principal impulsor, y el resto de directivos que respaldaron la contratación de Eriksson pusieron en riesgo el boleto a Sudáfrica 2010. Rafa tiene razón en este punto, pero también se olvida de lo mucho que dejaron de hacer los jugadores y de la formación de pequeños grupos que rompían con la unión dentro del vestidor. El balompié nacional no debe relegar al olvido el profundo bache en que se encontraba hace apenas unos meses. Mucho menos recomendable resulta identificar a Sven, e incluso a los directivos, como responsables absolutos de las bochornosas presentaciones en campos centroamericanos y en Estados Unidos. A los jugadores, por más que hoy esté a la mano el dulce sabor de una Copa del Mundo, hay que recriminarles el escaso compromiso que mostraron y la incapacidad para anteponer el objetivo común a los deseos individuales. El caso particular de Rafael Márquez presenta elementos para apuntarlo como el menos indicado a la hora de emitir un juicio respecto a qué se ha hecho mal en la Selección. Por su bagaje internacional y por su indiscutible talento, al michoacano le correspondería ser de esas piezas capaces de sacar el carácter cuando nadie más lo hace, pero ha fracasado de manera estrepitosa cada que se presenta la ocasión de demostrar que tiene con qué ser un ídolo en toda la extensión de la palabra, y no uno que sólo brilla lejos de su país y alejado de la presión que implica vestir la camiseta nacional. Las palabras de Rafa apestan a oportunismo e hipocresía. Tiempo atrás, cuando Eriksson y su séquito estaban sentados en el banquillo, el defensa central mencionaba que el futbol era un lenguaje universal, por lo que no existía mayor problema con que Sven fuera el técnico del equipo de más de cien millones de mexicanos. Una vez que se fue, su discurso cambia y asegura que el desconocimiento del timonel sueco, quien según él mismo hablaba el lenguaje universal, fue determinante para que se produjera una auténtica emergencia balompédica. Que no olvide Rafa todos los pleitos internos, las deudas pendientes con el público mexicano y lo poco que ha hecho al vestir la camiseta tricolor.
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