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Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

La tarea pendiente: Aprender a ganar

Y seguimos fallando cuando de mostrar superioridad se trata. No son los ejemplos más contundentes, ni los más dolorosos, pero se han presentado en estos días unos cuantos resultados que nos permiten corroborar que seguimos sin ser capaces de cumplir cuando se nos adjudica la etiqueta de favoritos.

No entendemos que el primer escalón para elevar nuestro nivel radica en ganarles a aquellos que son inferiores en historia, talento e infraestructura. La derrota de la Selección Mexicana ante Jamaica en los Juegos Panamericanos es una historia que se ha repetido innumerables ocasiones.

Los nuestros llegaban de vencer a Estados Unidos, todo apuntaba para pasarle por encima a los caribeños, y terminamos desperdiciando las oportunidades que se presentan frente al arco, para darle vida al rival y terminar relegados a una posible medalla de bronce.

El equipo comandado por René Isidoro García tiene mucho mérito por haber superado la poca atención que se le otorgó. Se trató de un cuadro armado al vapor, con el material humano que restaba después de que Jesús Ramírez definiera quiénes participaban en la Copa del Mundo Canadá 2007. En ese sentido, no se le puede criticar mucho a la escuadra que vio acción en Río de Janeiro; sin embargo, no hay argumento sustentable para justificar un tropiezo en un partido que estaba controlado y que debió ganarse sin mayores complicaciones.

Sólo quienes saltaron a la cancha pueden explicar si la principal causa de la derrota fue el exceso de la confianza y la soberbia que aparece cuando en apariencia se es muy superior al oponente. La triste realidad es que nuestro balompié no ganó ningún título internacional a nivel de selecciones nacionales. Se nos fue la Copa Oro ante Estados Unidos; fuimos humillados por Argentina en la Copa América y se perdió desde los once pasos contra Jamaica. A la femenil no la incluyo en este listado de fracasos porque mostró una evolución y sigue dando pasos certeros rumbo a la consolidación.

Y por si fuera poco, como un broche insoportable, nuestros representantes en la Superliga empiezan titubeantes y ceden terreno ante los de la Major League Soccer, que han mejorando notablemente en disciplina táctica y oficio. Comprobamos que de un tiempo a la fecha hace falta un poco más que la presencia de nuestras escuadras para imponernos a los representantes de una liga de la que se habla por su mercadotecnia, pero que también en lo deportivo empieza a ganar terreno.

Como lo dije en la columna anterior, me preocupa que seguimos en una situación de estática absoluta. No nos movemos ni para atrás ni para adelante. Hoy, como si volviéramos seis años en el tiempo, hablamos de triunfos relevantes y de tropiezos incomprensibles; nos emocionamos un día y al siguiente perdemos contra el rival menos esperado. Parece muy sencillo, pero seguimos inmersos en ese proceso didáctico. Mientras no aprendamos a ganar, continuaremos en la dañina dinámica de entregar una de cal por otra de arena, y así nunca podremos convertirnos en una potencia futbolística.

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