La personalidad de Enrique Meza contribuye a descontaminar un entorno acostumbrado a las declaraciones sin sentido y a las promesas incumplidas. El emotivo llanto del "Ojitos" en la presentación del nuevo uniforme de la Máquina ha sido considerado por muchos como una muestra de fragilidad. Algunos, en esta tendencia deshumanizada y cada vez más calculadora, argumentan que su reacción es propia de la edad. La entienden como un achaque de la ancianidad. Olvidan que los sentimientos no tienen por fuerza que estar peleados con el futbol, incluso en el ámbito profesional. El talento se demuestra en la cancha. De ello, no queda espacio para la duda. Sin embargo, las manifestaciones románticas del balompié deben ser valoradas y comprendidas como elementos de entrega y pasión por el trabajo que se realiza. Las emociones forman parte del juego. No sólo cuando éstas se reflejan a través de furiosas reacciones; también a partir de palabras de aliento y manifestaciones que evidencian el amor por una institución. El medio futbolístico se ha olvidado de sentir cuando se trata de factores positivos. La afirmación no se finca sólo en el caso Enrique Meza. Los medios de comunicación y los aficionados, que solemos pugnar porque la lealtad y los viejos valores renazcan, solemos aceptar con mayor gusto las declaraciones egocéntricas de La Volpe o las amenazas del "Chelís". A esos dos, los apuntamos como buenos técnicos, como hombres con los tamaños suficientes para dirigir, no importando que confundan la rectitud con el narcisismo absoluto. En cambio, al técnico cementero no lo bajamos de "buena persona", y por tanto, se le descalifica en cuanto a su posición de líder. La exitosa trayectoria del hoy timonel celeste invita a pensar que no se necesita gritar o patalear para encabezar a un grupo de jugadores. En México, solemos exigir Directores Técnicos que usan la voz para imponer una autoridad que tendría que ganarse a partir de la claridad en los conceptos futbolísticos. Se afirma que América, Cruz Azul, Tigres y algunos otros, requieren de hombres que impongan un régimen estricto, plagado de prohibiciones ideadas para evitar que los futbolistas sean víctimas de las muchas tentaciones que se les presentan. Los estrategas malencarados no tendrían por qué conducirse de esa forma si se le exigiera al jugador mayor disciplina y responsabilidad consigo mismo. Sven sufrió en demasía con un rubro complejo en nuestro caso, pero que se limita a que cada quien tome consciencia de sus actos. Al recordar el fracaso del "Ojitos" con el Tri, emerge por obligación una descalificación hacia su carácter, que no fue suficiente, según se dice, para controlar a un grupo de jugadores que nos dejó a un borde del adiós al boleto para la Copa del Mundo 2002. Si Meza fracasa con el Cruz Azul, se dirá que no tuvo la personalidad necesaria para un equipo tan complicado. En ese caso, directivos, medios de comunicación y los propios aficionados deberán entender que el mal no está en un técnico que no acostumbra conducirse a base de gritos y regaños, sino en jugadores que no se comprometen y que pretenden ignorar obligaciones adjuntas al privilegio económico y social que implica ser un futbolista profesional.
Las lágrimas del 'Ojitos'
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