Futbol
Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

Los daños del nuevo escándalo

No se sabe si reír o llorar. Millones de mexicanos se preguntan qué han hecho mal para tener un futbol que no acostumbra entregar alegrías y que, las contadas ocasiones que lo hace, las arrebata de golpe y porrazo, con escándalos innecesarios y vergonzosos escenarios. Y sí, el balón da y quita, pero acá es demasiado cansado que casi siempre se dé lo segundo.

Sólo setenta y dos horas tuvieron que discurrir para que el medio balompédico pasara de la sonrisa prolongada a la desilusionante incredulidad. Mientras el Tri mayor, ese que hace unos meses había quedado desbaratado por un lío de copas y faldas, ganaba a Estados Unidos, la representación Sub-22 se divertía sin pensar en las consecuencias de sus actos.

El escándalo no beneficia a nadie. La imagen del futbol mexicano vuelve a empañarse, decrecen de forma considerable las ya de por sí medianas alternativas de éxito del Tri en la Copa América y se pierde un escaparate que para muchos jugadores podía significar emigrar al extranjero o acelerar su proceso de crecimiento dentro del torneo local. Mal por donde se le quiera ver...

He visto, con sorpresa, que algunos aficionados afirman que se está exagerando lo hecho por los jugadores. ¿Acaso no está mal contratar a una sexoservidora cuando te encuentras en una concentración? La respuesta es sí, y si añadimos el posterior robo y el daño a la imagen de la representación nacional, no puede haber vuelta de hoja en cuanto a la sanción impuesta.

El cuerpo técnico, aunque no se le haya tocado, tiene un grado de responsabilidad. Un líder o un grupo de líderes que conoce a su gente tendría que tomar las medidas pertinentes para prevenir situaciones que no tendrían que ocurrir, pero que están arraigadas en el modo de proceder del futbolista mexicano.  En ocasiones, pese a que pueda sonar exagerado, hay que adoptar recursos extremos con tal de garantizar la viabilidad de un proyecto. Hubieran bastado tres o cuatro elementos de seguridad en las entradas para impedir que el plan de los futbolistas fuera más allá de un mero intento por violentar el reglamento interno de la Selección Mexicana.

Los castigos son directamente comparables a los impuestos por Néstor de la Torre tras la recordada fiesta en Monterrey. Acá vale cuestionarse por qué se criticó al ex Director de Seleccionales Nacionales cuando impuso sanciones y ahora, ya con González Iñárritu al mando, se aplica exactamente el mismo método. La lectura es contundente y señala que sólo se buscó un pretexto para acabar con la gestión del que también fuera parte de las Chivas Rayadas del Guadalajara.

Nuestro futbol, ya lo dije en Twitter, opera como la típica telenovela que alargan más de lo necesario. Cuando por fin se encuentra la felicidad, aparecen nuevos escándalos y nuevas tragedias. El tema es que las telenovelas son un producto televisivo; el futbol, parte de nuestra vida diaria.

De salida

Espero sus comentarios en mcabrera@mediotiempo.net y a través de @macafut en Twitter.

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