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Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

¿Por qué quiero que gane el Pachuca?

Los encuentros que definen un título suelen acarrear una polémica interminable respecto a quién debe ser considerado como favorito, qué condiciones reúne para ello y bajo qué forma cumplirá con su meta. Incluso cuando nuestro equipo favorito no disfruta de una distinción tan grande como la de llevarse una corona, se presentan condiciones o elementos que inclinan la balanza personal hacia uno u otro costado. Es parte de la condición humana tomar partido, aunque sea en ligera proporción. La objetividad absoluta no existe, es imposible. Para la Final que está por efectuarse, mi claro favorito es el cuadro de los Tuzos. Baso mi preferencia en el hecho de que los de la Bella Airosa parten de un plan de trabajo delineado a la perfección, de un esquema organizacional que les ha permitido ocupar un sitio entre los más ganadores después de haber sufrido largos años de olvido y rezago, de un estancamiento que significaba una falta de respeto para el sitio que vio nacer al futbol en México. Su Directiva es un ejemplo a seguir en materia deportiva. El nivel de efectividad de sus refuerzos está por encima del resto, quizás compartiendo este punto con los Diablos Rojos del Toluca. Sus técnicos suelen entregar buenas cuentas y cuando las victorias no se dan, los hombres de pantalón largo hidalguense han sabido cómo actuar y de qué manera respetar a las personas sin olvidar que por encima de cualquier otro aspecto debe estar la institución. Sus estrategias de mercadotecnia y relaciones públicas no siempre han sido acertadas. El constante nexo entre Jesús Martínez y los gobernadores de Hidalgo en turno son desagradables para el aficionado, que se percata del oportunismo de quienes extienden su poder a un deporte que no los necesita.  La cúpula de la Bella Airosa se ha hecho de contactos muy útiles para presentar un crecimiento sostenido, sin que resulte suficiente motivo para olvidar lo desafortunado que resulta la mezcla del deporte con el bajo mundo de la política. Pachuca es una escuadra que seduce por su rendimiento sobre el rectángulo verde. La oncena dirigida por Enrique Meza fue planeada con rigor para alcanzar grandes logros y para seguir engrandeciendo a la entidad. El anterior es un punto fundamental de superioridad Tuza frente a los felinos, una escuadra que se está encontrando con la posibilidad de la corona sin de verdad haber ejecutado una planeación encaminada a llevarse la máxima gloria del balompié nacional. El conjunto del Pedregal se diseñó para evitar el descenso, para acumular puntos y para olvidarse de la tabla porcentual. Quien apuesta por Ricardo Ferreti sabe que los títulos no son lo suyo y que su estilo de juego no resulta agradable para los aficionados. Que las condiciones se hayan dado, es otra cuestión, pero resulta incuestionable que los de azul y oro no pensaban en erigirse como los monarcas del futbol mexicano. Es una cuestión de enfoques. Algunos prefieren que el título recaiga en una oncena que parte de la motivación de unas cuantas jornadas para llevarse un campeonato. Otros, entre los cuales me incluyo, optamos por aplaudir y dotar de un mayor reconocimiento a las entidades que desde el inicio miran hacia lo más alto. En esta Final, apoyo la continuidad, el empeño y la ambición insaciable; el deseo de ser grande, valores encarnados por el Pachuca. Pumas, en cambio, es la sorpresa, la garra y el conservadurismo. Yo me quedo con los Tuzos. En la vida hay que ser siempre grande, siempre soñar con lo más alto...
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