Las goleadas traen consigo una serie de espectaculares sentimientos para los aficionados de la escuadra que resulta triunfadora. El optimismo se desborda; los protagonistas de la cancha se van entre aplausos generalizados y los medios de comunicación, especialmente cuando se trata de un triunfo holgado por parte de uno de los llamados "grandes" de nuestro balompié, entregan sus principales aplausos al épico desempeño de la oncena en cuestión y hablan de una nueva era, en la que los ídolos antiguos ceden la estafeta a otros que no han hecho más que rendir de manera destacada en la segunda jornada del Apertura 2007.
Lo anterior es exactamente lo que está sucediendo en torno al América, que después de imponerse por un categórico seis goles a uno a los Jaguares de Chiapas empieza a ser tratado como un ente superior al resto, como el conjunto más poderoso en el sector ofensivo. Y lo tiene merecido, sin duda, se ganó a pulso el aplauso como la institución de la jornada; sin embargo, no deberían olvidarse los numerosos problemas que han pasado los dirigidos por Luis Fernando Tena en anteriores partidos, sobre todo en la zona de concreción.
Las victorias por amplio margen emocionan a cualquiera pero también exigen una amplitud de criterio propio para poder reconocer que un partido atraviesa por un sinnúmero de circunstancias e imprevistos que juegan un rol muy significativo a la hora de evaluar el desenlace de una confrontación.
Así, encontramos que los Jaguares se desdibujaron por completo en cuanto recibieron la segunda anotación; se quedaron muy pronto en inferioridad numérica y contribuyeron, a través de los huecos convertidos en avenidas para los artilleros emplumados, para que el tanteador acabara con un movimiento muy poco recurrente en el futbol contemporáneo.
Un partido de segunda jornada no debe tomarse como un parámetro confiable para analizar las posibilidades de un equipo. Los participantes apenas van encontrándose sobre el terreno de juego y se presta para que se den escenarios como el visto sobre la cancha del Estadio Azteca, en el que uno lucía como el cuadro poderoso y letal que sus aficionados anhelan y el otro como una de las más grandes desilusiones de la competencia al no poder explotar la habilidad de Adolfo Bautista, quien ostenta un alto grado de responsabilidad al no aparecer en los momentos difíciles.
Mi lectura en torno a los de Coapa es optimista aunque con reservas. Es demasiado pronto para decir que Federico Insúa será el salvador, el hombre que regrese la gloria a esos rumbos. Lo que es innegable es que ha mostrado el talento y la entrega que deberían tener todos y cada uno de los refuerzos extranjeros. Más allá de su rendimiento futbolístico, destaco la actitud con que ha enfrentado los encuentros y el don de mando que despliega sobre la alfombra verde.
Castromán y Rodrigo López están en veremos. El primero por el poco tiempo de trabajo que lleva sobre las espaldas y el segundo por lo mucho que dejó de hacer cuando vistió la playera de los Tuzos del Pachuca. Ambos están llamados a ser el completo de Insúa para lograr que Salvador Cabañas esté bien nutrido de pelotas dentro del área.
Los millones de americanistas tienen todo el derecho de esbozar una sonrisa y augurar que derrotarán a unos Pumas que no han demostrado mucho en el inicio de la competencia.
No obstante, recomiendo que tengan bien claro que el verdadero instante para ilusionarse será en la etapa final, donde se sabrá de qué están hechas las nuevas contrataciones.
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