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Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

Problemática felina

Es difícil explicarse lo que sucede en una institución que torneo a torneo invierte cualquier cantidad de millones de dólares para reforzarse y hacer soñar a su afición. Cada seis meses se comenta lo mismo, aunque ya se dice más por costumbre que por convicción: los Tigres son candidatos al título. Y así, con la inmerecida etiqueta de favorito, el cuadro felino afronta la competencia con una cotización muy alta, pero que se derrumba en un dos por tres.

Como en el caso de Cruz Azul, que parece tener intenciones de retomar el camino, la problemática de los norteños  no es de ahora, sino de hace varios años. Los deficientes resultados; las actitudes egocéntricas y soberbias de algunos de sus jugadores; las constantes desilusiones a los aficionados… todo forma parte de una serie de errores que se fueron cometiendo y que acabaron permitiendo que la crisis fuera profunda, alarmante y en verdad dolorosa.

Para ser sincero, hace algunos años, pensaba que los Tigres volverían a ganar el título antes que los Rayados, pero el tiempo me hizo reconocer mi error. Los albiazules llegaron quitados de la pena, con una notable disciplina táctica de Daniel Alberto Passarella y se llevaron la corona, mientras que los de San Nicolás de los Garza lo han intentando una y otra vez sin tener éxito, ya sea por el estigma que cargan cuando se enfrentan al Pachuca o porque sus principales referentes se esconden en los partidos de verdadera exigencia.

La directiva tiene su grado de culpa. Quienes toman las decisiones administrativas son los principales responsables de haber permitido que sus futbolistas se sintieran las máximas figuras del balompié nacional. El alto presupuesto de la entidad lo permite, pero habría que exigirles antes de ofrecer ganancias que difícilmente se igualan en algún otro club de nuestro balompié, salvo contadas excepciones. América lo ha sufrido, y lo seguirá sufriendo, pero esa es su esencia; en cambio, Tigres tendría que apelar a la modestia para construir los cimientos de una reestructuración institucional.

Los aficionados también han pecado de nobles, por más que arrojen playeras o expresen inconformidad. Han aguantado de todo: fracasos descorazonadores y apatía de los jugadores.  Hace falta que los fanáticos felinos sean más radicales, que exijan lo que tanto les han prometido. Si a Walter Gaitán le da flojera el futbol mexicano, tendrían que presionarlo para facilitarle su salida; lo mismo para la dirigencia, que consintió actitudes de un divo que poco ha ganado.

Una fila de técnicos ha pasado por San Nicolás de los Garza. El error no está ahí. Para que Tigres mejore hace falta una alta dosis de humildad y que los jugadores estén comprometidos con la causa. Claro que hará falta la calidad y el talento, pero como punto de partida, los futbolistas felinos tienen que contraer un compromiso institucional y consigo mismos. Sólo así podrán cambiar la historia.

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