La razón se impuso en el Consejo de Dueños. El espaldarazo dado a la gestión de Alberto de la Torre y Ricardo La Volpe en sus respectivas posiciones marca un atípico respeto a los planes y tiempos trazados. La coherencia entre las palabras y los hechos entraña en sí misma un inminente progreso para el balompié azteca, en el que fácilmente se pasaba de la luz a la oscuridad en cuestión de días. El sano ejercicio de apostar por la continuidad empieza a entenderse en las altas esferas directivas. El resultado final permanecerá oculto hasta el próximo año; sin embargo, es de aplaudirse que los objetivos se manejen a mediano plazo; que una derrota, por dolorosa que sea, no sirva como dardo mortal para anunciar cambios drásticos en el aspecto deportivo. La tentación de acudir al “borrón y cuenta nueva” siempre estará presente, incluso llega a ser la elección más popular en cuanto se presenta algún tropiezo, pero en muy pocas ocasiones ha propiciado un cambio sustancial. La decisión beneficia al futbol mexicano en conjunto. Quien asuma el timón de la Selección Mexicana durante el próximo ciclo mundialista se encontrará con un antecedente inmediato que lo lleve a pensar en un trabajo a cuatro años y no a proteger el puesto en cada salida. Muchos hubieran deseado una certeza de ésta índole.
Los gritos desesperados de quienes exigían modificaciones tendrán que callar ante la serenidad mostrada por los líderes de las empresas que invierten su dinero en el balompié. Hugo Sánchez volvió a salir como perdedor cuando ni siquiera se trataba de una lucha que tuviera que librar. Él sabe que su momento llegará, ya sea por capacidad estratégica o por su glorioso historial como jugador. Cuando exige la dirección técnica de la oncena tricolor parece más interesado en derrumbar a La Volpe que en realmente velar por los intereses deportivos de la escuadra nacional. Vergara es otro que terminó sucumbiendo ante la decisión de la mayoría. Si en Chivas hace y deshace a su antojo, aún le falta mucho para poseer dichas facultades en el seno de la Federación Mexicana. Pero ellos no deben tomarlo como una afrenta personal. Simplemente se trata de una elección fundamentada en la nueva visión del medio futbolístico, misma que pretende olvidar los errores del pasado y comprobar que la paciencia rinde más frutos que la implacable práctica de ejecutar a diestra y siniestra. No es una cuestión de preferencias. El mismo apoyo que han recibido De la Torre y Ricardo Antonio lo merecerán, sin importar el daño a intereses de particulares, quienes se encarguen de sustituirlos.
La confianza no puede confundirse con el apapacho absoluto. La Volpe y sus dirigidos tendrán que estar abiertos a las críticas. Siempre que sea necesario cuestionar la ausencia de un jugador, enfatizar el mal funcionamiento del equipo verde o reprobar las poco afortunadas declaraciones que se emiten desde el seno de la representación mexicana se hará sin el temor a ser descalificados. Aún hoy, después de la reunión en la que el cuerpo técnico actual prácticamente aseguró su presencia en la máxima justa futbolística del orbe, se debe asegurar que alternativas como Cuauhtémoc Blanco, Adolfo Bautista, Francisco Palencia y Joaquín Beltrán están en condiciones de ser tomadas en cuenta, que el tricolor requiere de mucho trabajo para evitar que descalabros como el sufrido contra Estados Unidos se repitan en futuras oportunidades. La reflexión objetiva, sin apasionamientos, es recomendable a unos cuantos meses de Alemania 2006.