La fatiga crónica en corredores no aparece de un día para otro, sino que se va dando poco a poco, cuando el cuerpo recibe una carga de entrenamiento constante, pero no el combustible suficiente para poder aguantarla. Los síntomas: dormimos mal, nos cuesta trabajo recuperarnos, la frecuencia cardiaca se eleva más de lo normal y, aun así, ¡seguimos entrenando!
¿Cuál es la causa principal? La falta de hidratos de carbono, pues sin ellos no hay energía. Y además, si no consumimos suficiente proteína, nuestros músculos no se recuperan y podemos tener deficiencias de hierro, magnesio, y vitaminas del complejo B, entre otras. El cansancio se vuelve persistente y el rendimiento peor cada día.
Recuerda que no es normal sentirte cansado por haber entrenado, si es así, es que algo estás haciendo mal con tu alimentación. Correr quema mucho más que calorías: agota nuestras reservas de glucógeno, minerales, líquidos y micronutrimentos esenciales. Cuando el alimento no es suficiente, ya sea por miedo a subir de peso, por comer poco, o por no saber distribuir las comidas, el cuerpo entra en modo de supervivencia y, en ese modo, el rendimiento no es la prioridad.
La nutrición deportiva no se trata solo de “comer sano”, sino de comer lo que necesitas, cuando lo necesitas. Ajustar porciones, tiempos y calidad de alimentos puede marcar la diferencia entre terminar un entrenamiento porque no te queda de otra, o volver a disfrutar de correr con energía.
Sí, es normal cansarse, pero vivir agotado no lo es. Y cuando el cansancio se vuelve constante, acudir con un nutriólogo del deporte puede ayudarte a recuperar no solo tu rendimiento, sino también tu salud.
