La proteína de polvo se ha convertido en algo básico en la dieta de los corredores: en licuados, hot cakes, platos de avena y hasta en el café. ¿Realmente es necesaria? Aquí lo que necesitas saber.
La proteína es indispensable en la alimentación, eso no lo podemos negar. Nos ayuda a mantener la masa muscular, a lograr una buena recuperación después de los entrenamientos y, además, a mantenernos satisfechos. En la mayoría de los casos, no “necesitamos” proteína en polvo si ya cubrimos la proteína diaria con alimentos: huevo, pollo, pescado, leguminosas, tofu; el polvo es más bien una forma práctica de consumirla, o para sustituir una comida por falta de tiempo o apetito.
¿Aporta algo extra el polvo?
En entrenamientos de fuerza de ha visto que suplementar con proteína, sí aumenta la masa magra en comparación a quienes no se suplementan, sobre todo si la ingesta habitual suele ser baja.
En deportes de resistencia, como es el running, los beneficios son más claros cuando se combina con carbohidratos para recuperar las reservas de glucógeno.
Aprovecha tu ventana metabólica
Recuerda, lo más importante para lograr la recuperación es consumir proteína junto con hidratos de carbono de rápida absorción, justo después del ejercicio, pues es el momento en que los músculos aprovechan mejor lo que les damos. Tienes máximo una hora, pero entre más pronto sea, mejor te sentirás. Esto ayudará a que tengas energía suficiente para todas tus actividades del día, que no tengas sueño, ni ataque de comer cosas dulces.
Aquí es cuando entran las ventajas de la proteína en polvo, pues es más práctico llevarte un licuado a tu lugar de entrenamiento, que un sándwich de atún o un huevo cocido.
Lo ideal: entre 20-40 gramos por toma, dependiendo de tu peso, y agregar algo extra de carbohidratos, por ejemplo: una fruta o 2 cucharaditas de miel o una barrita de amaranto.
Entonces, el problema no es la proteína, es pensar que sólo viene en forma de scoop. ¿La necesitas? No, pero tampoco te hace daño si la utilizas correctamente, apoyándote siempre de un Nutriólogo. Porque al final, comer bien no debería depender de un bote… sino de lo que hay en tu plato.
