Es cierto que a los corredores nos gusta comer y a veces corremos para poder “ganarnos” algún antojo: “Corrí 10 Kilómetros, así que puedo comer lo que quiera”, “Hoy sí me gané el postre”. Frases como estas son muy comunes, pero reflejan una idea equivocada, pues la comida no debe ganarse a través del ejercicio.
Hacer actividad física no debería convertirse en un permiso para comer, ni en un castigo por haberlo hecho. El ejercicio y la alimentación cumplen funciones distintas, aunque se complementan. Hacer ejercicio nos ayuda a fortalecer los músculos, cuidar la salud del corazón, disminuir el estrés, mejorar el estado de ánimo y mantener una buena condición física. Por otro lado, la alimentación es una necesidad básica: nos da energía, y a través de ella obtenemos los nutrimentos que nuestro cuerpo requiere para funcionar correctamente, dándonos además placer y momentos de convivencia.
¿Qué es lo que está mal? Algunas personas hacen ejercicio pensando únicamente en “quemar” lo que comieron, y el ejercicio debería ser algo que disfrutemos hacer por nuestro cuerpo y por cuidar nuestra salud física y mental. Al asociar la comida con “merecerla”, entramos en un ciclo de culpa y compensación y afectamos nuestra relación con ella.
Después de correr es importante comer lo más pronto posible para recuperar nuestros músculos: suficientes proteínas e hidratos de carbono. Pero esto no es un premio, es parte del entrenamiento.
Lo que debemos recordar. La alimentación no tiene que ser perfecta: compartir una comida con amigos, disfrutar de un postre o comer algo que nos gusta, no debería depender de cuántas calorías quemamos ese día. Si llevamos una dieta saludable la mayor parte del tiempo, podemos darnos un permiso de vez en cuando y sin culpa.
Deja de preguntarte si te “ganaste” la comida, y mejor empieza a verla como realmente es: una forma de nutrirnos, cuidarnos y también disfrutar la vida.
